
El aula se encuentra en tenso silencio. Los alumnos están replegados en sí mismos. No registran nada más allá de la pantalla de sus smartphones. Esta escena la repiten jóvenes y adultos en encuentros de amigos o en lugares de trabajo.
La situación de alerta permanente y de estimulación continua creada por el smartphone se traducen en estados de sobreexcitación, actitudes compulsivas o comportamientos adictivos. El FOMO (fear of missing out) es la ansiedad causada por la necesidad de estar continuamente conectado. El multitasking on líne, la fragmentación de la labor diaria y la disminución de la ventana de atención son comunes a adolescentes, jóvenes y adultos.
Así, un fenómeno que afecta a todos se confunde con las dificultades de aprendizaje de los alumnos. Y la discusión por el uso del celular en las aulas impide abordar el gran desafío de la educación: el analfabetismo funcional. Este término, empleado por UNESCO, alude a la dificultad de un alumno alfabetizado -el que ha finalizado el trayecto educativo- para utilizar sus habilidades de lectura y escritura de forma eficiente. Es decir, el alumno sabe leer y escribir, pero no logra aplicar esas competencias a tareas de su vida diaria.
Leer y escribir son habilidades que provienen de un conocimiento técnico. Leer conlleva la capacidad de decodificar oralmente una palabra. Escribir es la facultad de representar gráficamente la palabra. La cuestión se complejiza cuando el alumno debe utilizar esas habilidades en una tarea precisa. Aquí se observa que quien sabe leer y escribir, no comprende lo que lee y no puede redactar lo que quiere comunicar. En efecto, el alumno carece de las competencias básicas que le permiten comprender y usar la información de manera efectiva para su desarrollo personal.
La incapacidad de comprensión crítica de la información recibida y la dificultad en la expresión de necesidades o intereses, crean alumnos inseguros de sí mismos. La toma de decisiones se entorpece, su desconfianza aumenta y se frustran. Como consecuencia de ello, se autoexcluyen de sus ámbitos de interacciones sociales. El alumno se encierra nuevamente en contenidos audiovisuales de gran impacto (TikToks), los que atentan contra del desarrollo del pensamiento abstracto, y acentúan el brain rot (el deterioro del estado intelectual).
La educación en el ciclo secundario superior debe sustentarse en el uso de competencias y el desarrollo de la metacognición: la reflexión sobre el propio proceso de aprendizaje. Ello se debe realizar con actividades prácticas desafiante, las que se deben complementar con el uso del smartphone y las IA, herramientas esenciales del presente y el futuro.
El alumno debe abordar de manera autónoma las dimensiones de saber-conceptual y saber-procedimental, competencias que permiten aplicar el saber-aprender a la información que les llega a través del smartphone. Se promueve así alumnos independientes que poseen competencias transferibles a diversos aspectos de la vida. w