
El gobierno del presidente Javier Milei se encuentra próximo a cumplir sus primeros dieciocho meses de gestión.
Diversos eran los interrogantes iniciales con respecto a la expertise política de un gobierno carente de soporte territorial, legislativo y técnico resultado de una gestión presidencial que nacía sin apoyo legislativo, sin gobernadores provinciales o referentes locales propios ni control de una calle en manos de los movimientos sociales y con un condicional apoyo del mercado y la opinión pública.
Con respecto a la última carencia señalada -técnica- cabe recordar el desembarco de antiguos funcionarios de Mauricio Macri como Luis Caputo o Patricia Bullrich en tanto expresión manifiesta de las limitaciones en la disponibilidad de equipos de gestión por parte del nuevo gobierno.
Las dudas se manifestaron de forma explícita en dichos como los del publicista Enrique “Pepe” Albistur quien definió al entonces novel presidente Milei como “Semana Santa” por no poder saberse a ciencia cierta si caía en el mes de marzo o abril. El presidente Milei ha transitado muchos fines de semana largo entre Olivos y la Casa Rosada, poniendo en entredicho la preocupación/fantasía del publicista Albistur.
Conviene quizás preguntarse sobre el porqué; al respecto se podrían ensayar brevemente cinco explicaciones posibles:
1. Un programa de ajuste severo que, no obstante su rigor, ha ganado el apoyo de una parte significativa de la sociedad.
2. Una caída significativa en la tasa de inflación de un registro inicial de 25 por ciento en diciembre de 2023 al 2,8 por ciento en el mes de abril de 2025 como resultado de la puesta en ejecución del programa de ajuste.
3. El control de la calle mediante la combinación de incentivos selectivos positivos -aumento presupuestario a los beneficiarios de los planes sociales y reducción de la intermediación- y negativos -represión de la protesta social-.
4. En el plano político, la fragmentación y desaparición de las coaliciones electorales existentes hasta diciembre de 2023 -Juntos por el Cambio- como así también el descrédito de la oposición más radical alternativa -el peronismo en su formato kirchnerista- como así también el de una izquierda con representación testimonial en el terreno legislativo pero con capacidad de bloqueo en el ámbito callejero.
5. En el plano externo, un clima de época muy propicio para experiencias de carácter radical como las de Donald Trump en Estados Unidos o aquellas de Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador y la del propio Javier Milei.
Sin embargo, el Gobierno ha mostrado por momentos una inusual capacidad de auto provocarse crisis que no han afectado su gobernabilidad pero podrían contribuir a su erosión de persistir en esa tesitura en contextos menos favorables; en este clima podemos mencionar la alocución del presidente Milei en el foro de Davos, el Criptogate o la insistencia del poder ejecutivo en las inviables candidaturas de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla para integrar la Corte suprema de Justicia solo para destacar algunas.
Hemos explicado esta capacidad de daño en otras oportunidades por la propia condición de un gobierno originalmente débil en materia de recursos institucionales y al mismo tiempo con una inocultable vocación hegemónica y de un presidente bifronte que no ha logrado resolver el dilema entre el profeta de vocación y el político pragmático de profesión.
Dieciocho meses después sigue vigente entonces la pregunta sobre el cisne negro que podría afectar la frágil gobernabilidad construida.
Santiago Leiras es politólogo, profesor de Ciencia Política (UBA)