
Un cerro aislado, rodeado de fuertes pendientes, en la provincia de Soria, Castilla y León (España), siempre constituyó un lugar de refugio. Ya en el siglo IX, los musulmanes construyeron un pequeño castillo, que sería fortificado en la Edad Media.
A medida que los reinos cristianos avanzaban, se reforzaba la frontera en esta región. Entonces, el general Galib, al mando de Abderramán III, estableció allí la sede militar de la llamada Marca Media, mientras que Medinaceli sería la capital del poder político.
La posesión del castillo fue una de las principales estrategias de la conquista y dominio del territorio. Es muy probable que desde allí, un caudillo árabe organizara alguna de sus muchas y famosas campañas victoriosas contra los cristianos.
El rey Fernando I conquistó la fortificación que quedaría bajo dominio cristiano, de manera definitiva, en 1087. Uno de los alcaides más famosos de la Edad Medía sería el Cid Campeador.
Las ruinas de la fortaleza de Gormaz, cerca del pueblo del mismo nombre, hablan de una construcción imponente. El conjunto, ruinas y pueblo, constituye el paisaje histórico medieval más relevante de toda Castilla. La fortaleza ha sido calificada por los historiadores como la mayor construcción defensiva de la Baja Edad Media en toda Europa.
La fortaleza se adaptaba perfectamente al perfil de la cumbre. Hecha en sillería, presentaba dos recintos separados por un foso. En el alcázar, una torre del homenaje señala la preeminencia del espacio, al que acompañan algunas torres más.
El resto de la fortificación de más de 1000 m de perímetro y con lienzos de más de 10 m de altura, era el sitio que ocupaba la tropa, los animales de carga, los caballos, los víveres y las armas. Más de 20 torres reforzaban la defensa.
Había varias puertas entre las que destaca, por su estructura y composición, la denominada Puerta Califal por el arco de herradura que abre el vano de acceso enmarcado por un alfiz. En los muros se reutilizaron estelas funerarias a las que la tradición ha atribuido un carácter mágico.
En una ladera, la ermita de San Miguel alberga uno de los tesoros más especiales del románico hispano porque presenta en los muros interiores un repertorio pictórico que figura entre los más interesantes de la Castilla del medioevo.
Cabe destacar que gran parte de los lienzos de la muralla y de las estructuras halladas durante las excavaciones realizadas en el interior han sido restauradas. Y hoy, los visitantes pueden apreciar el espacio amurallado de 450 m de largo por 60 de ancho, defendido con muros de 10 m de alto.
Para llegar hasta el yacimiento arqueológico, hay que atravesar Gormaz por la calle principal y ascender hasta los pies de la muralla donde hay un estacionamiento. La visita es libre.
A diez kilómetros de Gormaz está la villa episcopal El Burgo de Osma, cuyos orígenes están relacionados con la romanizada ciudad de Uxama Argaela. Sede episcopal desde el siglo VI, conserva un recinto fortificado y varias edificaciones de interés histórico presidida por la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.