“El abuelo planta los árboles, el nieto disfruta la sombra”, dice un viejo proverbio chino. Y vaya que tiene razón. “Enrique Ducos fue un pionero en la zona de General San Martín, La Pampa. Tenía su título de ingeniero agrónomo, algunas hectáreas familiares y mucha ilusión por emprender”, cuenta su nieto, Ignacio Ducos, uno de los herederos de un legado llamado Criadero El Cencerro, una empresa semillera que actualmente desarrolla genética de forrajeras, césped, cultivo de servicios y girasol.

Todo comenzó en la década del 60, cuando Don Quico, como lo llamaban, arrancó en aquellos campos pampeanos de suelos pobres y clima agreste. Allí se embarcó con un proyecto ganadero donde implementó mejoras y experimentó con cultivos junto a su gran amigo, Guillermo Cobas, un perspicaz investigador y extensionista del INTA-Anguil. Después de pelearla durante 12 años, vendió su establecimiento de 4.500 hectáreas y se trasladó a Coronel Suárez (Pcia. de Buenos Aires), donde compró un campo cinco veces menor, pero con mejores oportunidades de diversificación agrícola y ganadera.

El traslado de La Pampa al sudoeste bonaerense no detuvo el intercambio profesional entre Ducos y Cobas. Allí, en aquellas lomas suarenses de tosca somera, encontraron un raigrás perenne que había resistido veranos muy calurosos y secos. El técnico del INTA le advirtió a su amigo el valor agronómico de esa especie. Entonces, ¿por qué no desarrollar una variedad a partir de esos individuos? “Mi abuelo, que le encantaban los desafíos, tomó inmediatamente la idea con la condición de que Cobas lo acompañe y le dé tutela en los primeros pasos”, cuenta con orgullo Ignacio, actual director de Criadero El Cencerro.

El campo experimental de El Cencerro, donde desarrollan génetica forrajera, de césped y cultivos de serviciosEl campo experimental de El Cencerro, donde desarrollan génetica forrajera, de césped y cultivos de servicios

Aquel descubrimiento se convirtió en la piedra basal de la empresa semillera. Ese cultivar luego fue desarrollado y se inscribió en 1981 bajo el nombre “El Cencerro”. Así nació un negocio inédito para la Argentina de aquella época basado en el desarrollo genético de forrajeras. “Ahí es cuando mi abuelo pasa de ser un productor agroganadero a uno semillero. Es decir, desarrollar la variedad, dotarla de persistencia, producción y sanidad; multiplicarla y salir al mercado a ofrecer.”, explica Ignacio.

De las pasturas forrajeras al verde césped futbolero

Argentina transitaba los duros años ochenta. Luego de la Guerra de Malvinas, la crisis económica golpeaba y el cierre de importaciones desnudaba faltantes en varios sectores. Uno de ellos era el creciente mercado del césped, un producto demandado para campos deportivos (fútbol, rugby, golf, etc.), parquización y jardinería. El mercado local comenzó a poner su mirada en los productos nacionales y descubrió que el raigrás perenne de Ducos —que si bien había sido concebido pastoril— tenía un aceptable desempeño como césped, porque presentaba una textura de hoja fina.

Los pedidos de la variedad El Cencerro para parquización eran cada vez mayor. Un buen momento para que la bióloga Cecilia Ducos, hija de Don Quico, se incorpore a la empresa para abocarse específicamente al desarrollo genético de raigrás perenne para césped. “Estaba por iniciar un posgrado en Bahía Blanca cuando papá me invitó a sumarme a la empresa, porque quería el mejoramiento del césped, y no dudé en volver a Suárez para abocarme a ese desafío”, recuerda Cecilia y considera que el hecho de ser bióloga le aportó las herramientas para integrarlas al enfoque más agronómico de su padre, su hermano y luego sus sobrinos. “Esa combinación nos permitió inscribir varios cultivares”, reconoce. Hoy la semillera de Suárez es la única empresa en Sudamérica que desarrolla césped con genética propia y variedades registradas en distintos mercados.

Venden semillas para sembrar 2.500 canchas de fútbol por año.Venden semillas para sembrar 2.500 canchas de fútbol por año.

A fines de los noventa, Criadero El Cencerro tuvo la oportunidad de exportar su genética al exigente mercado Alemán, una de las mecas del fútbol y de la práctica deportiva en césped. Para eso, las variedades de raigrás perennes de los Ducos tuvieron que ser examinadas por distintos organismos privados y públicos de ese país. Al finalizar las pruebas, una variedad llamada Ultra no solo fue registrada sino recomendada por su aptitud en los ensayos de evaluación en los campos teutones. “Para la empresa fue un desafío muy grande, porque el socio comercial en Alemania quería crecer en volumen de producción y eso significó una exigencia positiva para nosotros”, evoca Ignacio Ducos, quien era un adocelecenbte en aquella época.

Conquistar el mercado europeo de césped implicó para la semillera expandirse en escala de producción. También crecer en tecnología y contar con mayores recursos para reinvertir en investigación y desarrollo con un impacto positivo en el mercado de céspedes y en las otras unidades de negocio de la empresa.

¿Cuáles son los atributos que valoran sus clientes? Sanidad, uniformidad de forma y color, alta cobertura y densidad de macollos, resistencia al corte bajo, aguante al tránsito intenso, capacidad de recuperación, y tolerancia al estrés abiótico producido por el calor, el frío y la falta de agua. “Las variedades desarrolladas por Criadero El Cencerro son reconocidas y demandadas mundialmente por los mercados más exigentes, exportamos genética y semillas producidas en la Argentina a países como Estados Unidos, Alemania, Italia, Reino Unido, China y Uruguay”, remarca el descendiente de Don Quico y detalla que la empresa vende semillas para sembrar 2500 canchas de fútbol por año

En tiempos de hiper profesionalización, el verde césped futbolero tomó una importancia central. Todavía resuenan los reclamos de las estrellas y entrenadores que disputaron la última Copa América de Estados Unidos por el mal estado de las canchas. La genética y manejo del césped son claves no sólo para el desarrollo del juego, también para evitar el desgaste y las lesiones graves de los jugadores, algunos valuados en decenas de millones de dólares.

Hoy hay genética El Cencerro en los principales estadios de la Argentina y el mundo. Aunque Ignacio —discreto como su abuelo—no quiere revelar en cuáles para preservar el trato con sus clientes. Tal vez porque sabe que el perfil bajo, la humildad, el trabajo bien hecho y el consejo de un buen amigo, pueden marcar la diferencia.

Calidad en genética forrajera

Criadero El Cencerro cuenta con una trayectoria de más de 40 años en el desarrollo de variedades adaptadas a sistemas de alta producción forrajera. Para ello cuentan con un abanico de 19 especies que incluyen gramíneas , leguminosas y sorgos híbridos.

La planta productiva de El Cencerro, en Coronel Suárez, donde se produce lo que exportan a países como Estados Unidos, Alemania, Italia y China, entre otros.La planta productiva de El Cencerro, en Coronel Suárez, donde se produce lo que exportan a países como Estados Unidos, Alemania, Italia y China, entre otros.

“Trabajamos día a día en la evaluación y selección de variedades que superan rigurosas pruebas a campo”, remarca Ingnacio Ducos y agrega que el “alto potencial de producción, la sanidad y la persistencia, son pilares para seleccionar el germoplasma que dará origen a nuestras variedades de forrajeras”. Estos atributos son apreciados a nivel mundial y hoy se exportan a países como Estados Unidos, China, Sudáfrica, Uruguay y Perú.

Cultivos de servicio y girasol

La semillera suarense también lidera el segmento de cultivos de servicio para aquellos que buscan desarrollar planteos más sustentables. Para ello, cuentan con una vicia villosa —con gran capacidad de aporte de Nitrógeno a los suelos— y un rábano especialmente desarrollado como cultivo de servicio.

¿Cuáles son los beneficios del manejo cultural? Un mayor grado de conservación y protección del suelo, construcción de materia orgánica y fertilidad; captura, reciclado y redistribución de nitrógeno y otros nutrientes; potenciación de la acción microbiana del suelo; atracción de insectos benéficos, y un menor uso de agroquímicos y fertilizantes.

El portfolio de genética se completa con dos híbridos de girasol —Cacique 322 CL y Cacique 2.23 CL Plus—con tecnología Clearfield que han demostrado una alto potencial de rendimiento, aceite y estabilidad con porcentajes de materia grasa que van del 48% al 53%.



Fuente Clarin.com

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