Aunque las vacaciones de invierno ya quedaron atrás, siempre es buen momento para una escapada de fin de semana. A veces, con solo unos kilómetros, basta para cambiar el aire, recargar energías y volver con otra cabeza. Y si se trata de una ruta pintoresca, con paradas que combinan sierras, gastronomía y cultura, mejor todavía.

La Ruta Nacional 226, con más de 600 kilómetros de extensión, atraviesa la provincia de Buenos Aires uniendo pueblos, campos y destinos que sorprenden. Ideal para un viaje corto, pero sustancioso, donde lo simple se vuelve extraordinario.

En esta nota te proponemos dos paradas claves para armar una escapada inolvidable en cualquier momento del año: Tandil y Balcarce, dos ciudades que invitan a disfrutar con todos los sentidos.

Tandil no necesita mucha presentación. Es de esos lugares que se disfrutan en cualquier estación, pero en estos meses de clima fresco tiene un encanto especial. El Camino de los Pioneros es una joyita: un sendero de más de tres kilómetros entre sierras, manantiales y miradores que regalan postales increíbles. Perfecto para caminatas tranquilas o salidas en bici.

La gastronomía tandilense ya es un clásico: salame, quesos, miel, cerveza artesanal y, más recientemente, vino de producción local. La bodega Cordón Blanco abre sus puertas todos los días para conocer sus viñedos y probar varietales como cabernet franc o syrah, todo explicado por enólogos apasionados.

A unos kilómetros del centro, el Pueblo Turístico Gardey conserva un ritmo sereno y auténtico. Con apenas 600 habitantes, invita a vivir el turismo desde la cercanía, con propuestas comunitarias y una parada obligada en el Almacén Vulcano, emblema del lugar.

Balcarce sorprende por su mezcla de legado histórico, naturaleza y arquitectura única. Es el lugar de nacimiento de Juan Manuel Fangio, y también hogar de varias obras del arquitecto Francisco Salamone, que dejó su marca en edificios imponentes como el Cementerio Municipal y el ex Matadero, hoy convertido en el Centro Cultural Salomone.

La Plaza Libertad, rodeada de tilos y farolas antiguas, es el corazón verde de la ciudad. Ideal para sentarse a tomar unos mates después de recorrer los alrededores. También podés visitar la laguna La Brava, a pocos minutos en auto, un espejo de agua rodeado de sierras bajas que ofrece actividades náuticas, senderos y pesca deportiva.



Fuente Clarin.com

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