
La feria La Salada, ubicada en Lomas de Zamora y considerada la más grande de Latinoamérica, está clausurada desde el 22 de mayo de 2025 por orden de la Justicia. La medida fue tomada tras la detención de Jorge Omar Castillo, conocido como el “Rey de La Salada”, junto a otras 15 personas, acusados de asociación ilícita, lavado de dinero, contrabando y evasión fiscal. La clausura afecta a más de 8.000 puestos y ha dejado sin ingresos a aproximadamentee 30.000 trabajadores, incluyendo puesteros, changarines y remiseros. Y la mismo tiempo perjudica a decenas de comerciantes que compran allí ropa que después revenden en sus locales y ahora se vuelvan a otros polos textiles, como el de la avenida Avellaneda, en Flores.
Mientras tanto, la protesta sigue. Este martes, muchos feriantes realizaron asambleas cerca de en Puente La Noria, en donde hubo cortes desde la semana pasada, mientras un despliegue de fuerzas federales intentaba evitarlos. Luego, la protesta se mudó a Lomas de Zamora, frente a la municipalidad.
La clausura de la feria provocó una migración masiva de vendedores, quienes sin La Salada tuvieron que buscar otros puntos de venta mayorista de ropa. Muchos de ellos eligieron Avellaneda, el clásico punto de venta de Flores. Clarín recorrió la zona y habló con los puesteros del barrio porteño, quienes aseguraron que desde el cierre de la feria de Lomas de Zamora, se ven muchos compradores “foráneos” (como le dicen ellos).
“Está viniendo mucha gente de La Salada”, comenta Carlos, que atiende un pequeño local junto a su hija. ¿Y cómo te das cuenta?. “Por las caras y por lo que compran”, responde sin cerrar los ojos, mirando fijo. ¿Qué compran? “Ellos buscan marcas, que es lo que se vende allá. Nosotros acá vendemos nuestra propia ropa, no somos como Castillo”, agrega.
Lucas, en otro local, ratifica que los “saladeros” llegan en micros. “Compran al por mayor y se van”, comenta. Faustina -que maneja otro puesto de una galería sobre Avellaneda- agrega que van los lunes, miércoles y viernes. “Llegan y preguntan precios. Y después eligen varias prendas y se las guardan y se van”.
La mayoría recorre los locales que están en Bogotá, Bacacay y Venancio Flores. Ahí están los puestos mayoristas. Tres días a la semana, llegan micros de larga distancia, que estacionan donde pueden, y de ellos bajan decenas de compradores que buscan prenda, que antes conseguían en la salada.
Juan y Laura compraban en La Salada. Desde temprano están recorriendo locales en Avellaneda. Se dedican a la reventa. Ella lleva a cuestas una bolsa enorme con ropa adentro, mientras él la sigue con un carrito, al cual ataron una bolsa de malla azul impermeable, también con prendas adentro.
¿Iban a La Salada? “Sí, pero como está cerrada, tuvimos que venir acá”. ¿Hay diferencia de precio? “Acá está todo un 15% más caro. Además, muchas cosas no se consiguen. Allá, en La Salada, eran fabricantes”. Temen que la diferencia de precio los complique. “Tengo que vender más caro ahora. No me queda otra. Hasta que no reabran La Salada, esto será así”, detallaron Juan y Laura.
En los días con más movimiento pueden verse decenas de personas caminando, de un lado para el otro, buscando precios y marcas (que no hay en Avellaneda). Casi todos los micros estacionan sobre Venancio Flores, la calle costera a las vías. Martín es dueño de tres vehículos. Trae gente de Mar del Plata a comprar a La Salada. Pero desde que está clausurada, va a Avellaneda. “Es la segunda vez que vengo. Siempre voy a La Salada. Allá podés estacionar bien. Acá es un quilombo. Ya me hicieron varias multas”, cuenta.
Otro polo textil alternativo es el que funciona en Villa Celina, pero Avellaneda tiene mayor concentración de locales y propuestas.
Cobra 60 mil pesos ida y vuelta el pasaje, que es una persona con dos bultos. “Con La Salada me iba bien. No sé que pasará con todo esto”. Y cuenta que colegas suyos no pueden entrar a Capital porque no tiene permiso para circular en la Ciudad. “Yo por suerte puedo entrar el micro pero hay otros que no lo tienen, y no sé que harán ahora”, agrega.
Ernesto, que vende zapatillas, comenta que con la feria cerrada, cada vez más gente migrará para Avellaneda para comprar. “Igual, esto no es como era antes. Hace un tiempo, venían de todos lados. Venían muchos uruguayos y brasileros a comprar acá. Eso ahora se terminó”, cerró con algo de nostalgia, pero sin quejarse.