
Antes de que Palermo se llenara de restaurantes de autor, cocinas de fusión y locales de brunch, hubo un lugar que marcó el inicio de todo: una parrilla que abrió sus puertas en 1981 y que todavía hoy mantiene su esencia intacta. Río Alba se convirtió en un punto de referencia para quienes buscan tradición, abundancia y sabor bien argentino.
Con su estética de otra época y mozos de los que saben lo que hacen, Río Alba sigue atrayendo tanto a vecinos como a turistas. El secreto de su permanencia no está en la decoración ni en las redes sociales, sino en lo esencial: carnes cuidadosamente seleccionadas, cocidas con maestría y servidas en porciones imposibles de terminar en soledad.
Río Alba no sigue tendencias ni se actualiza al ritmo del diseño moderno. Su identidad está en lo clásico y en la abundancia. Las porciones son tan generosas que conviene pedir para compartir. Los cortes llegan en braseros al rojo vivo, listos para mantener el calor y llenar la mesa con aroma a asado.
Entre los favoritos del público están el asado de tira, el matambrito de cerdo y el bife de lomo, aunque también hay lugar para empanadas fritas, provoleta, achuras, entraña, ojo de bife y medio lomo.
La carta de este restaurante es extensa y auténtica, sin vueltas ni inventos. Además, se destacan las ensaladas frescas y una selección de vinos pensada para maridar con las carnes. Si vas con hambre, lleva compañía. Las raciones alcanzan para dos y hasta tres personas sin problema.
La parrilla Río Alba está ubicada en Av. Cerviño 4499, en pleno corazón de Palermo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es una esquina clásica del barrio, muy cerca del Rosedal y del Ecoparque, ideal para completar un paseo con un buen almuerzo o una cena porteña de verdad.