
Durante la primavera, los machos de muchas especies animales se vuelven particularmente agresivos en su búsqueda de pareja. Esta conducta, impulsada por la competencia y el instinto reproductivo, puede poner en riesgo a las hembras, que en algunos casos enfrentan situaciones extremas durante el cortejo, como persecuciones intensas o interacciones forzadas.
Ante este panorama, algunas hembras han desarrollado mecanismos de defensa sorprendentes, como la tanatosis, o fingimiento de la muerte, una estrategia que les permite evitar estos ataques o interacciones no deseadas.
Esta respuesta radical y efectiva ha sido observada en animales tan diversos como insectos, aves, anfibios y mamíferos, que apelan a esta pasividad extrema para evadirse de los depredadores.
Recientemente, este fenómeno ha sido documentado en la rana bermeja (Rana temporaria), una especie común en Europa. Investigadores descubrieron que las hembras, ante la presión y el aterrizaje de múltiples machos durante el apareamiento, adoptan esta misma estrategia como último recurso.
Un estudio desarrollado por la investigadora Carolin Dittrich, del Museum für Naturkunde, de Alemania, ha documentado un curioso comportamiento de las hembras de la Rana temporaria, que simulan estar muertas para librarse del asedio de los machos durante la época de reproducción.
Presentes desde Galicia hasta Cataluña, pasando por regiones del norte como Suecia, Finlandia e incluso el Círculo Polar Ártico, esta especie es una de las más madrugadoras del mundo anfibio: su temporada de reproducción se extiende normalmente hasta marzo, aprovechando las charcas formadas por las lluvias invernales.
En la primavera, los machos buscan activamente pareja, lo que puede generar situaciones extremas. A veces, varios machos se agrupan sobre una sola hembra, lo que puede provocarle heridas y hasta su asfixia.
Ante este riesgo, un tercio de las hembras analizadas en la investigación recurrió al mecanismo de tanatosis, quedándose rígidas e inmóviles para despistar a sus pretendientes.
Pero no solo fingen estar muertas. Muchas otras se giran boca arriba para zafarse y algunas incluso imitan los sonidos de los machos, lo que desconcierta a los “acosadores” en un comportamiento inusual que algunos biólogos han definido como catalepsia sexual.
Este hallazgo pone en duda la idea de que las hembras son pasivas en el proceso reproductivo y sugiere que han desarrollado mecanismos activos de defensa. Además, el estudio destaca cómo estas estrategias podrían tener implicaciones en la evolución de la especie, al influir en la selección natural y la supervivencia.