Como es habitual, los resultados de la prueba Aprender dejaron, la semana pasada, unos cuantos títulos, como el persistente bajo rendimiento en comprensión lectora o la sorprendente buena performance de los alumnos de Formosa. Pero pocos pusieron el foco en otro dato relevante.

En un cuestionario de contexto sobre el aprendizaje, les preguntaron a los alumnos -de tercer grado, de todo el país- si tienen celular. La respuesta es inquietante: 6 de cada 10 chicos de 10 años (59,8%) dijo tener celular propio, mientras que otro 23,2% dijo no tener celular propio, pero sí usar el de sus padres. Es decir, la mayoría de los chicos a esa edad usa activamente el celular.

¿Cómo impacta esto en la lectura? Aún no se sabe con precisión, aunque las últimas investigaciones en lingüística y neurociencias dejan algunas pistas. Muestran, entre otras cosas, que el pasaje de la lógica de la palabra escrita y el libro al de las pantallas está generando cambios en la forma en que se aprende a leer y escribir.

Ahora bien, dado que el uso del celular entre los más chicos ya es una realidad casi inmodificable -en una cultura digital en la que los adultos lo permiten y muchas veces lo alientan-, lo peor que se puede hacer es pelearse con los datos. O mirar para otro lado.

El desafío pasa por la pregunta de qué hacer para mitigar los aspectos negativos o riesgosos que tiene el masivo uso de dispositivos digitales en el desarrollo de los alumnos y también qué hacer para potenciar los múltiples aspectos positivos, que también tiene.

Y aquí, una vez más, la escuela ocupa un rol central. Porque es, quizás, el único lugar donde se les puede enseñar a chicos de 10 años cómo usar bien y sacar el mayor provecho al celular y los dispositivos conectados.

Y no solo para leer y escribir. También para aprender sobre ciudadanía digital (los riesgos a los que se enfrentan en el mundo digital), pensamiento computacional (cómo funcionan por dentro las máquinas y sus algoritmos), o pensamiento crítico (esa capacidad de mirar la realidad desde distintos puntos de vista y ser capaces de criticarse a sí mismos). Todas habilidades centrales para el desarrollo personal hoy.

¿Están todos los docentes y las escuelas preparados para este desafío? Seguramente algunos sí, otros no y otros en el medio. Pero frente al dato de que la mayoría de los chicos de 10 años ya vive en su celular, el asunto hoy es urgente. Y lo es, a pesar de que la política y sus decisiones de política pública estén -mayoritariamente- mirando para otro lado.



Fuente Clarin.com

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