
Los problemas, ya sea de salud, trabajo o dinero, nos afectan a todos. Imposible evitarlos. Entonces, cuando necesitamos una solución para nosotros mismos o para otras personas, en lugar de rendirnos, podemos pedir ayuda.
A finales del siglo XII, una época en la que miles de cristianos eran capturados y esclavizados por los musulmanes, Juan de Mata (1154-1213) recurrió a la Virgen María en busca de ayuda. La Madre de Dios, con su intercesión, logró que recibiera el dinero que necesitaba.
Así, con una gran cantidad de monedas que le dio la Virgen, este buen cristiano consiguió la liberación de muchos esclavos. En el Día de Acción de Gracias, rindió honores a María como Nuestra Señora del Buen Remedio.
A partir de entonces, muchas personas recurren a esta advocación para conseguir el dinero que les falta para atender sus necesidades.
Pero las acciones de Juan de Mata, de origen francés, fueron más allá de conseguir dinero para liberar a esclavos de los musulmanes. En 1198 el papa Inocencio III aprobó la Regla de la Orden de la Santísima Trinidad (trinitarios), una familia religiosa que Juan de Mata había creado cinco años antes.
La Orden era la primera institución armada solo con la misericordia para devolver la esperanza en la fe a los hermanos que sufrían bajo el yugo de la esclavitud. Era, además, un proyecto de vida religiosa, con aspectos profundamente evangélicos, que vinculaba la Trinidad y la redención de los esclavos.
Junto con Félix de Valois, Juan de Mata estableció la “casa madre” de la Orden en Cerfroid, en las cercanías de París. Luego de la reforma realizada por Juan Bautista de la Concepción, en Valdepeñas (España) se estableció la primera comunidad de trinitarios.
Para pedirle a Nuestra Señora del Buen Remedio existen varias oraciones. Aquí, una novena especial:
Oh, Reina del cielo y de la tierra:
Santísima Virgen, nosotros te veneramos. Tú eres la Hija Bien Amada del Dios Altísimo, la Madre elegida por el Verbo Encarnado, la Esposa Inmaculada del Espíritu Santo, el Vaso Sagrado de la Altísima Trinidad.
Oh, Madre del Divino Redentor, que, bajo el título de Nuestra Señora del Buen Remedio, vienes en ayuda de todos los que te llaman, extiende sobre nosotros vuestra protección maternal. Dependemos de ti, ¡Oh!, Querida Madre, como hijos sin ayuda y necesitados, dependen de una madre tierna y cuidadosa.
(Oración del Ave María)
Nuestra Señora del Buen Remedio:
Fuente de ayuda infalible, permítenos retirar de tu tesoro de gracias, en nuestro tiempo de necesidad, todo lo que necesitamos. Toca los corazones de los pecadores, a fin de que puedan buscar la reconciliación y el perdón. Conforta a los afligidos y a los solitarios, ayuda a los pobres y a los que perdieron la esperanza; ayuda a los enfermos y a los que sufren. Puedan ellos ser curados de cuerpo y alma, y fortalecidos en espíritu para soportar sus sufrimientos con paciente resignación y fortaleza cristiana.
(Oración del Ave María)
Querida Señora del Buen Remedio:
Fuente de ayuda infalible, tu Corazón compasivo conoce el remedio para toda aflicción y miseria que encontramos en la vida. Ayúdanos con tus oraciones e intercesión a encontrar el remedio para nuestros problemas y necesidades, especialmente… (Indica aquí tus intenciones especiales).
De nuestra parte, ¡Oh! Madre amorosa, nos comprometemos a un estilo de vida más intensamente cristiano, a una observancia más cuidadosa de la ley de Dios, a ser más conscientes al cumplir las obligaciones de nuestro estado de vida y a esforzarnos para ser instrumento de salvación en este mundo arruinado. Querida Señora del Buen Remedio, está siempre presente junto a nosotros y que, a través de tu intercesión, podamos gozar de salud de cuerpo, de paz de espíritu y crecer en la fe y en el amor a tu Hijo Jesús.
(Oración del Ave María)