
El 30 de abril se cumplieron 50 años de la caída de Saigón, la capital de la ex Vietnam del Sur, rebautizada Ciudad Ho Chi Min por las fuerzas norvietnamitas, que lograron finalmente la unificación de un país dividido durante décadas por una guerra civil que cobró las vidas de más de tres millones de civiles. Para los Estados Unidos, la derrota del país que activamente apoyaron por más de una década profundizó las llagas de su propia división, generando una nueva cosmovisión del norteamericano promedio, hacia adentro y hacia afuera, marcada por un mayor escepticismo, alejada del optimismo y la imagen del “americano inocente” de los años 50, que siguió a su consolidación como la mayor potencia mundial tras la derrota del nazismo.
En el marco del aniversario, Punto de inflexión (Netflix), serie de documentales que abordó temas como la Guerra Fría y el atentado a las Torres Gemelas, encuentra el momento justo para volver a desandar el largo conflicto armado que fue la columna vertebral de la geopolítica norteamericana durante los 60 y parte de los 70, un prolongado trauma que sacudió todos los estamentos de la nación.
Según Brian Knappenberger, director de la serie Punto de inflexión: la guerra de Vietnam, Vietnam fue un antes y un después que formateó el futuro de la nación. “La nación que existió antes de su involucramiento militar en Vietnam era radicalmente distinta a la que emergió cuando nuestras tropas volvieron a casa”, dijo Knappenberger, cuyo padre combatió en el país asiático. “La nación que emergió del conflicto contenía el embrión de las plagas que nos acucian hoy: alienación, cinismo, un profundo descreimiento en los gobiernos y el resquebrajamiento de las instituciones cívicas”.
La serie está dividida en cinco capítulos ordenados de manera conceptual y cronológica, comenzando con la agresiva incursión en Vietnam de la presidencia de John F. Kennedy, algo que algunos consideran como la gran mancha de su administración progresista. Inicialmente, Estados Unidos proporcionó apoyo logístico y entrenamiento a las tropas de Vietnam del Sur para frenar la invasión del comunismo norvietnamita, pero solapadamente, a espaldas de la población norteamericana, el gobierno empezaba a enviar tropas que fueron involucrando al país en la guerra.
Tras el magnicidio de JFK, ya bien entrados en los 60 y en la abierta inclusión en la guerra, el envío de tropas aumentó exponencialmente durante la administración de Lyndon B. Johnson y su secretario de defensa, Robert McNamara, en quien muchos ven como el arquitecto de la Guerra de Vietnam.
Tanto durante el mandato de Johnson como el de sus dos sucesores a lo largo del conflicto, Richard Nixon y Gerald Ford, la serie establece un dato contundente: todos los informes de la CIA alertaban sobre la imposibilidad de frenar el avance de Vietnam del Norte y las fuerzas armadas populares, apodadas como Viet Cong por los norteamericanos. Si los sucesivos gobiernos siguieron adelante con la guerra fue porque estaba mal vista una retirada de las tropas, lo cual hacía peligrar la reelección del presidente de turno.
Gran parte de esa información surgió de la desclasificación de lo que se conoce como los “Pentagon Papers”, así como de conversaciones telefónicas en el Salón Oval de la Casa Blanca que fueron grabadas por los organismos de inteligencia. Knappenberger y su equipo revisaron horas de esas cintas, para presentar en este documental audios reveladores de Kennedy, Johnson y Richard Nixon. “Nadie quería ser el presidente que iba a perder Vietnam”, dijo Knappenberger, “y a menudo eso tuvo prioridad sobre las vidas de norteamericanos y vietnamitas en un conflicto que nunca iba a resolverse del modo en que querían los Estados Unidos”.
La serie ahonda en la división entre la Vietnam comunista y la republicana, con raíces que se remontan a la ocupación francesa, y, en los Estados Unidos, en los movimientos pacifistas que comenzaron a radicalizarse a finales de los sesenta, culminando con la aparición de grupos armados como los Weathermen y la masacre de Kent State University, durante la cual cuatro estudiantes fueron asesinados por la policía. La guerra civil vietnamita, gracias a la exposición y la movilización de los medios de comunicación (en particular la cadena CBS), se estaba trasladando a territorio estadounidense.
Aparte de testimonios de primera mano de periodistas que cubrieron la guerra, ex diplomáticos de Vietnam del Sur, civiles sobrevivientes y ex combatientes del Viet Cong (el 70% de su milicia eran mujeres), Knappenberger también da voz a alrededor de una decena de ex combatientes norteamericanos que son el rostro elocuente de la locura y el despropósito de la guerra .
Uno de los episodios más detallados es la masacre de My Lai, el descarnado asesinato de civiles, hombres, mujeres, ancianos y niños por parte de una facción del ejército norteamericano, que rastrillaba precarias viviendas en busca de infiltrados del Viet Cong. Scott Camil, uno de los veteranos, lo resume en el tristemente célebre slogan search & destroy: “Sólo tenías que cazar gente y matarla, del modo en que se te ocurriera”.
A su regreso, converso en militante pacifista, Camil dio testimonio en el congreso estadounidense sobre los excesos de la infantería e inspiró la canción de Graham Nach “Oh! Camil (The Winter Soldier)”. Para entonces, 1974, la guerra estaba a punto de llegar a su fin y ya había ingresado al inconsciente colectivo norteamericano.
Sin embargo las llagas, en vez de sanar, mutaron en nuevas erupciones que parecen estar lejos de curarse. Hacia el final de la serie, Knappenberger pone en boca de una sobreviviente vietnamita palabras que podrían ser suyas: “Cuando vi por televisión las incursiones militares de Estados Unidos en Irak y Afganistán pensé que no era posible, que debían haber aprendido algo de la guerra. Estaba equivocada”.