Después de diez años de trabajo, llegó a su fin la obra de infraestructura sanitaria más importante del país en más de 70 años. Además de la significación y la envergadura de esta red de 40 kilómetros de túneles que permitirá mejorar la capacidad de transporte de los desagües cloacales de más de 4,5 millones de personas; la obra tiene una particularidad. Atravesó tres gestiones de diferentes signo político. La de Mauricio Macri, la de Alberto Fernández y la actual, de Javier Milei.

La obra fue bautizada como “Sistema Riachuelo” y ya se encuentra en funcionamiento; no a pleno, porque está en etapa de pruebas. Su inauguración fue anunciada hace unas semanas por el vocero presidencial, Manuel Adorni. Pese a la envergadura de los trabajos, no hubo corte de cinta, ni inauguración oficial, ni visita presidencial.

De hecho es la única obra de ampliación que sostuvo el gobierno de Javier Milei en lo que va de gestión. Desde AySA estiman que hay entre 120 y 130 obras de ampliación paradas y que no esto previsto que se pongan en marcha. Sí se están realizando obras de mantenimiento.

Un dato importante que en parte explica el sostenimiento de esta obra: estuvo financiada a través de un crédito otorgado por el Banco Mundial, de U$S 1.200 millones. El crédito más importante otorgado por este organismo para este tipo de obras en Latinoamérica. Justamente el Banco Mundial realizó el seguimiento y monitoreo de la obra. Así y todo estuvo impactada por un caso de corrupción que la tocó de manera colateral, como fue “los cuadernos de las coimas”. Pero ni esta causa, ni la pandemia de coronavirus la frenaron.

A lo largo de estos días años, Clarín realizó un seguimiento del avance de los trabajos. Esta vez tocó ver en vivo el funcionamiento definitivo de este sistema.

Pero ¿qué es el Sistema Riachuelo y como opera? Son tres obras en una: primero, el transporte de los residuos cloacales (un colector conformado por casi 30 kilómetros de túneles). Segundo, la planta de tratamiento de estos residuos. Y tercero, el emisario, el túnel de 12 kilómetros que corre 40 metros por debajo del lecho del Río de la Plata; para dimensionar, tiene unos metros más que la extensión total de la línea B del subte porteño.

“Es una obra histórica porque es la primera vez que se hace un sistema completo, transporte, depuración y disposición final. Y en materia ambiental el impacto es enorme porque el colector (corre por el margen izquierdo del Riachuelo) permite interceptar los pluviales que vuelcan directamente al Riachuelo y que llevan una carga contaminante cloacal por conexiones clandestinas”, explicó la ingeniera Marcela Alvarez, quien estuvo a cargo de la obra desde el minuto cero. Ahora entrega la posta a los ingenieros Víctor Fernández y Ángela Cicero, quienes quedan a cargo de la operación.

Se estima que una vez que esté operativo todo el sistema, se beneficiarán 4,5 millones de personas; once partidos bonaerenses y la Ciudad de Buenos Aires. “Nuestro sistema de saneamiento se apoya básicamente en lo que se conoce como cloacas máximas. Son tres y corren perpendiculares al Riachuelo. Las dos primeras ya tienen 120 años y la tercera, más de 80. En un momento se pensó hacer una cuarta, también perpendicular. Finalmente se decidió hacer este sistema actual, que es transversal, y que ayuda a las tres cloacas máximas, las alivia”, explica Alvarez.

Los dos mayores contratiempos de la obra se dieron en diferentes momentos, por un lado, la causa por corrupción en la que se denunciaron sobreprecios y que involucró algunas de las empresas que realizaban los trabajos también en el “Sistema Riachuelo”. A partir de esto se hizo una “sesión del contrato a empresas internacionales que se hicieron cargo de continuar los trabajos”, explicaron voceros de la empresa.

Y en marzo de 2020, sobrevino la pandemia de coronavirus. El cierre de actividades encontró a la tuneladora trabajando en medio del Riachuelo. Por una cuestión operativa, no podían pararla, así que ese equipo de trabajadores volvió rápidamente a sus tareas

La planta de tratamiento es un mega complejo imposible de ver por los vecinos, porque se encuentra en un sitio de camino a ningún lugar, en el Dock Sud, frente al Río de la Plata, junto a Puerto Piojo.

Se trata de una sucesión de piletas que van tratando las aguas cloacales que llegan hasta aquí, a través de los colectores. El proceso consiste básicamente en ir filtrando las partículas que llegan con las aguas. El último paso es el de desarenado y desengrasado. Para esta altura las partículas de las aguas ya tienen menos de 0,2 milímetros.

Estas aguas ya depuradas son las que ingresan al emisario que tiene 12 kilómetros de extensión y que a su vez las vuelca al Río de la Plata. Sintéticamente, esta es la forma en que se cierra el circulo del saneamiento de las aguas cloacales de la Ciudad de Buenos Aires y otros once partidos. Pero claro que el proceso es más complejo y durante una década miles de personas trabajaron en esta mega obra que al fin se encuentra operativa.



Fuente Clarin.com

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