
En Estados Unidos, tener un patrimonio superior al millón de dólares todavía forma parte del famoso sueño americano. Pero la cifra de referencia para considerar a alguien como “superrico” está en aumento y ya no alcanza con ser millonario. Ahora se habla de los centimillonarios con una riqueza que crece con rasgos que los diferencia.
Para entender por qué cada vez se presta más atención a este grupo de ricos conviene recordar que hace 30 años hacían falta 30 millones de dólares para ser más que rico. Ahora el mínimo son 100 millones. Un patrimonio, que en todo el mundo, solo poseen unas 29.000 personas.
Claro que, en la cima, están los multimillonarios, o billonarios en términos anglosajones. Son las personas que superan los 1.000 millones de dólares de patrimonio. Una verdadera elite mundial, con solo 3.000 integrantes.
Un informe publicado en Estados Unidos explica cómo crece la riqueza de los centimillonarios y qué los diferencia de los otros grupos de personas con muchos dólares en sus cuentas bancarias.
El Informe Centi-Millonaire 2024, publicado por los asesores de migración patrimonial y de inversiones Henley & Partners, dice que “este exclusivo club ha crecido un 54% a nivel mundial durante la última década, pero la distribución geográfica de esta explosión de superricos en diferentes regiones es reveladora”.
Estados Unidos y China han experimentado lo que solo puede describirse como un auge de centimillonarios, superando significativamente a países europeos. El ascenso de China ha sido el más espectacular, con un crecimiento de su población centimillonaria del 108%, superando incluso el estelar desempeño de Estados Unidos, cuya población de súper ricos aumentó un 81 % en el mismo período. En contraste, el crecimiento de centimillonarios en Europa ha sido más bajo (26 % en la última década).
Juerg Steffen, director ejecutivo de Henley & Partners, afirma que “el bajo rendimiento en Europa se puede atribuir al lento crecimiento de mercados importantes como el Reino Unido, Alemania y Francia”. En Europa existen focos de dinamismo, con mercados más pequeños como Mónaco, Malta, Montenegro y Polonia, cuya población de centimillonarios ha aumentado un 75 % o más en la última década.
La geografía de la extrema opulencia está cambiando. “A medida que este grupo de élite continúa creciendo y migrando, es probable que su influencia en la economía, la política y la sociedad globales sea profunda y de gran alcance”, agrega Steffen.
Más del 60 % de los centimillonarios son emprendedores y fundadores de empresas, lo que los hace especialmente importantes para la creación de riqueza. Las empresas fundadas por centimillonarios tienen un importante impacto positivo en la clase media, ya que generan numerosos empleos bien remunerados en su país de origen. Cabe destacar también que la mayoría de las empresas de Fortune 500, S&P 500, CAC 40, FTSE 100 y Nikkei 225 fueron fundadas por personas que posteriormente se convirtieron en centimillonarios.
El informe revela que un tercio de los centimillonarios del mundo reside en 50 ciudades clave. Estados Unidos sigue dominando el panorama porque ocupa el primero, el segundo y el tercer lugar entre las 50 ciudades más destacadas para los centimillonarios, sobre un total de 15 ciudades incluidas en la lista. Nueva York domina con 744 residentes centimillonarios, seguida de cerca por San Francisco y Silicon Valley, con 675, y Los Ángeles con 496. Estas ciudades no solo han mantenido su liderazgo a nivel mundial durante la última década, sino que se espera que experimenten un crecimiento significativo de más del 50% en sus poblaciones ultrarricas durante los próximos 10 años.
Otro estudio, también publicado por Henley & Partners, y elaborado por el doctor Rainer Zitelmann afirma que “las personas ricas son más conscientes, más abiertas a la experiencia y más extrovertidas que la población promedio. También son menos afables (es decir, menos propensas a rehuir los conflictos) y menos neuróticas (es decir, más estables psicológicamente)”.
Agrega que, en principio, “los ricos son menos afables y neuróticos, pero más meticulosos, más abiertos a la experiencia y más extrovertidos”. De las entrevistas, surgieron algunas características llamativas. Por ejemplo, que “son, en su gran mayoría, inconformistas a quienes les encanta nadar contra la corriente. Afrontan las derrotas y los reveses de manera diferente a otras personas: se culpan a sí mismos, no a los demás ni a la sociedad en general”.
Además, “no existe correlación entre el rendimiento escolar y universitario, por un lado, y el éxito financiero, por otro. El aprendizaje y el conocimiento implícito (la corazonada y la intuición) se destaca por sobre el aprendizaje y el conocimiento explícito (aprendizaje académico)”.
En tanto, “la búsqueda del lujo (como autos y mansiones) es un factor clave para algunos superricos, pero hay otros para quienes esto es irrelevante. Sobre todo, a los superricos los motiva la búsqueda de libertad e independencia. Quieren decidir por sí mismos si trabajan, qué hacen, cuándo, dónde y con quién”.