
Entre el ruido constante del centro porteño, donde la Avenida Corrientes se cruza con Callao y Lavalle, existe un rincón que sorprende por su calma, su forma peculiar y su historia centenaria. Se trata del Pasaje Enrique Santos Discépolo, un trazado peatonal que guarda un legado ferroviario único y una transformación reciente que lo convirtió en una atracción.
Hoy es un pequeño refugio con arte en las paredes y baldosas que se iluminan al anochecer. Pero lo que muchos ignoran es que en este mismo lugar, en 1857, circuló “La Porteña”, la primera locomotora del país. Un verdadero ícono que marcó el inicio del sistema ferroviario argentino y que dejó su huella en esta curva urbana de poco más de 100 metros.
Caminar por este pasaje es encontrarse con una historia que se revela de a poco, entre detalles arquitectónicos, placas escondidas y recuerdos que sobreviven entre las paredes del barrio.
En el siglo XIX, Buenos Aires crecía a paso acelerado y el Gobierno decidió inaugurar un servicio ferroviario. El primer tramo del Ferrocarril del Oeste unía el centro de la ciudad con Floresta, y tenía su cabecera en lo que hoy es el Teatro Colón.
Para sortear el terreno, el trazado incluyó una curva en forma de “S” entre las actuales calles Riobamba, Callao, Lavalle y Corrientes. Esa curva sigue ahí, convertida en el Pasaje Santos Discépolo, y es una reliquia viva de los inicios del transporte moderno en el país.
Pero cuando la estación Parque fue reemplazada por la estación Once de Septiembre, esta vía quedó obsoleta y se clausuró en 1883. Por años, el pasaje fue un espacio descuidado y hasta peligroso. Recién a mediados del siglo XX comenzó a revitalizarse, y en 2003, gracias a una ley sancionada por la Legislatura porteña, se lo transformó oficialmente en una calle peatonal.
Caminar por este pasaje es como recorrer una galería a cielo abierto. Las fachadas del lado este lucen una intervención artística del muralista Marino Santa María, que homenajea el paso del tren y la historia del barrio. A lo largo del pasaje también se pueden ver los contrafrentes del ex Banco Mercantil Argentino y de la Escuela Normal Superior N.º 9, construida en 1886.
Además, una de las joyas del recorrido es el histórico edificio del Teatro del Picadero, que alguna vez funcionó como fábrica de bujías. Y por si fuera poco, cuando cae la noche, algunas de las baldosas del pasaje se encienden suavemente, aportando un aire casi mágico a este rincón escondido entre la vorágine porteña.
El Pasaje Enrique Santos Discépolo se encuentra entre Lavalle y Corrientes, a la altura de Callao. Se puede llegar fácilmente en subte (línea B o D), en colectivo o incluso caminando desde el Obelisco. En la esquina con Lavalle, una placa recuerda que por allí pasó el primer tren del país.