
Luego de un largo periodo de inactividad y bajo volumen de ventas ocasionado principalmente por las fuertes trabas a la importación y la brecha cambiaria, Kia fue una de las tantas marcas importadoras que pudieron “sacarse la soga del cuello” y actualizarse con el nuevo gobierno.
Las políticas beneficiaron al sector, permitiendo a las generalistas stockearse y sumar modelos (y versiones) que habían dejado de venderse, y a las importadoras traer vehículos que estaban en lista de espera desde hace tiempo.
El resultado está a la vista, con números de ventas inéditos desde 2018 y un mercado que a este ritmo podría superar los 700 mil patentamientos en 2025.
En este contexto llegó a fines de marzo el Kia K3, el modelo compacto importado desde México con el cual la marca buscará triplicar su volumen de ventas. Desde la automotriz coreana prevén vender unas 200 unidades por mes, aunque en abril -su primer mes entero de ventas- ya logró patentar 252 unidades, según informaron directivos de Kia Argentina a Clarín Autos.
Y a un día del cierre de mayo, la tendencia se mantiene.
Aunque era el resultado esperado, la demanda y el fuerte interés de potenciales nuevos clientes sacudió la tranquilidad de los concesionarios que, medios colapsados, debieron contratar más vendedores y personal administrativo aun cuando a los pocos días del lanzamiento sus precios llegaron a incrementarse hasta un 12% en pesos tras la liberación del cepo al dólar.
Es que el K3 tiene atributos para despertar el interés de los usuarios. Cuenta con dos opciones de carrocerías (5 puertas y sedán), diseño atractivo, las dimensiones más amplias de la categoría, buena calidad, gran equipamiento de seguridad y confort, alta dosis de tecnología, y precios competitivos.
Además, no hay que olvidar que representa la puerta de entrada a una marca considerada aspiracional, teniendo en cuenta la calidad de sus vehículos y que el modelo más vendido (el SUV Sportage) ronda los 50.000 dólares.
La gama está compuesta por dos versiones para ambas siluetas (EX y GT-Line), que se ofrecen por 25.000 y 28.500 dólares respectivamente; el mismo valor que tuvieron en la preventa y que se mantendrán durante junio.
Diseñado bajo la filosofía “Opuestos Unidos” de la marca coreana, cualquiera de sus dos siluetas llaman la atención a simple vista. El diseño frontal es el mismo en ambos modelos, destacándose ópticas integradas a la parrilla y faros LED verticales. A su vez, la parte trasera presenta una caída tipo fastback en el K3 Sedán, mientras que el K3 Cross incorpora barras de techo.
Las versiones full GT-Line, probadas por Clarín, se diferencian por tener ciertos rasgos deportivos, como tomas de aire más grandes, caños de escape de doble salida y llantas de 17 pulgadas.
El hatchback mide 4,30 metros de largo y tiene una capacidad de baúl de 390 litros, mientras que el sedán mide 4,55 metros de longitud y cuenta con el baúl más grande del segmento: 544 litros.
Son medidas que prácticamente pisan las de un segmento superior, y que agradecerán los pasajeros de la plaza trasera, donde hay espacio de sobra para ir cómodos.
La calidad percibida como el equipamiento también están entre las mejores de su categoría: volante regulable en altura y profundidad, una enorme plancha digital que integra dos pantallas de 10,25 pulgadas (una para el tablero de instrumentos y otra para el sistema multimedia), conexión inalámbrica Android Auto y Apple CarPlay, luz y sonido ambiental configurables, cargador inalámbrico de celular, climatizador bi-zona con salidas traseras y techo solar corredizo, entre los más importantes.
También está a la vanguardia en seguridad, con seis airbags y sistemas de asistencia a la conducción para toda la gama (la full es aún más completa)
En cuanto a su mecánica, debemos decir que llega con un motor algo anticuado respecto de buena parte de la competencia. Mientras que la mayoría de los propulsores hoy proponen bajas cilindradas, sobrealimentación por turbo, el modelo de la marca coreana monta un naftero 1.6 litros de 121 CV y 151 Nm que no es muy enérgico a bajas vueltas como lo es un propulsor turbo. Para tenerlas hay que esperar que el cuentavueltas supere recién las 4.800 rpm.
La caja de cambios automática compensa un poco ese déficit. Se trata de una transmisión con convertidor de par y seis velocidades (con levas al volante para un modo manual) que realiza los pasos de marcha de manera veloz y suave.
El confort de marcha es otro de sus puntos altos. Su esquema de suspensiones como la asistencia eléctrica de la dirección son tan eficientes para el manejo urbano como en ruta, donde muestra un gran aplomo.