
La mala postura—especialmente al comer o trabajar frente a la pantalla—comprime el abdomen y aumenta la presión intraabdominal. Esa presión extra favorece el reflujo gastroesofágico y la acidez al empujar el contenido gástrico hacia arriba.
Cuando alguien permanece encorvado, los intestinos pierden “espacio de maniobra” y el tránsito se vuelve más lento, lo que se traduce en gases, hinchazón y estreñimiento.
La postura caída también reduce la amplitud de la respiración; menos oxígeno implica menor motilidad intestinal y digestiones más pesadas. Sentarse erguido tras las comidas—o alternar con períodos de pie—ayuda a normalizar los niveles de glucosa postprandial y a mantener el abdomen descomprimido.
Por último, fortalecer el core (abdominales, glúteos y zona lumbar) sostiene la columna y evita el “hundimiento” visceral.
Un programa integral debe estirar la cadena anterior (pecho, flexores de cadera) y fortalecer la cadena posterior (dorsales, glúteos, erectores espinales). Se aconseja practicar las siguientes rutinas tres o cuatro veces por semana:
Adoptar una postura erguida, ejercitar la musculatura clave y optimizar tu espacio de trabajo son pasos concretos para proteger la digestión y la salud general. Con pequeñas acciones diarias—desde el puente de glúteos hasta regular la altura de la pantalla—podés prevenir reflujo, dolores y problemas circulatorios.