
El mercado global de soja atraviesa un momento de gran tensión e incertidumbre, con agricultores de ambos hemisferios reacios a vender a los precios actuales, que apenas cubren costos o generan márgenes negativos. Esta reticencia para vender refleja el desánimo del productor frente a un mercado que tiene una sobreoferta global.
Climáticamente, el tiempo ha sido en general favorable en EE.UU., aunque los pronósticos comienzan a hablar de calor extremo, lo que suma una dosis de incertidumbre productiva. Al mismo tiempo, crecen los rumores de avances en negociaciones comerciales de EE.UU., con expectativas de nuevos acuerdos que podrían impulsar la demanda. Sin embargo, los fundamentos bajistas siguen pesando: los stocks globales permanecen en niveles récord y China continúa trabajando para reducir su dependencia de las importaciones estadounidenses.
En este contexto, las miradas se desvían hacia Brasil, donde las tensiones políticas podrían cambiar el juego. La policía allanó la casa del expresidente Jair Bolsonaro y le impusieron restricciones por parte de la Corte Suprema. Esta situación ha generado revuelo político interno y hasta una reacción internacional por parte de Donald Trump. Brasil, mientras tanto, intenta calmar las aguas con EE.UU. tras la imposición de un arancel del 50% a productos brasileños, apostando por la negociación y la búsqueda de nuevos mercados.
El temor a una posible desestabilización en el principal exportador mundial de soja ha puesto nerviosos a los fondos, que podrían comenzar a cubrir posiciones vendidas. A esto se suma la expectativa de una cumbre entre los presidentes Trump y Xi Jinping hacia fines de octubre, lo que añade un componente geopolítico de alto voltaje. En un mercado cargado de señales dispares, cualquier titular puede desencadenar movimientos abruptos.
Soja sin respiro: precios en mínimos buscan demanda
Los analistas coinciden en que los precios deprimidos de la soja responden a un intento deliberado del mercado por incentivar nueva demanda en un contexto de exceso de oferta global. Sin embargo, la realidad es que, sin una recuperación sostenida del comercio internacional o una merma considerable en las cosechas de los grandes exportadores, resulta improbable un cambio de tendencia duradero. La cobertura de posiciones vendidas por parte de la demanda industrial puede provocar repuntes puntuales, pero no alcanza para sostener una suba estructural en el precio.
Al mismo tiempo, el panorama macroeconómico mundial suma presión sobre el mercado agrícola. Wall Street atraviesa una semana clave con resultados financieros de gigantes tecnológicos como Microsoft, Apple y Amazon, y con la Reserva Federal lista para anunciar su decisión sobre tasas de interés. Si bien se espera que no haya cambios, el mercado seguirá de cerca las palabras de Jerome Powell, especialmente en medio de las crecientes críticas de Donald Trump.
A nivel internacional, EE.UU. y la Unión Europea alcanzaron un acuerdo comercial marco que fue anunciado por el presidente Donald Trump, evitando así una escalada en la disputa comercial entre ambos bloques, que juntos representan cerca de un tercio del comercio mundial.
Según el South China Morning Post (SCMP), China y EE.UU. extenderían por 90 días más la tregua arancelaria vigente, en el marco de las negociaciones comerciales que comienzan este lunes en Estocolmo. La actual suspensión, pactada en mayo, expiraba el 12 de agosto y había eliminado temporalmente la mayoría de los aranceles bilaterales.
¿Dos mundos para la soja?
China compra en Brasil y Argentina, ignora a EE.UU. y cambia el mapa del comercio global
En Estados Unidos, la campaña avanza con condiciones climáticas aceptables y aunque se registró una leve caída en la calidad del cultivo, el mercado sigue proyectando una producción abundante de soja. Sin embargo, la falta de interés por parte de China en la soja estadounidense y la ausencia de compras significativas generan dudas sobre la ventana exportadora norteamericana. Esta combinación de buena oferta y débil demanda externa mantiene presión sobre los precios en Chicago, a pesar de la reciente volatilidad del dólar.
En contraste, Brasil experimenta una situación completamente distinta. Los precios internos alcanzan niveles récord la semana pasada, especialmente en regiones clave como Mato Grosso, impulsados por una fuerte demanda de exportación, liderada por China y primas por encima de la cotización de Chicago. A esto se suma un tipo de cambio favorable y una tasa Selic elevada en Brasil, que encarece el almacenamiento y favorece las ventas disponibles.
Mientras tanto, China volvió a apostar por la harina de soja argentina. Argentina comienza a redirigir sus envíos de harina de soja directamente a China que marca un cambio logístico en los flujos globales y, también, anuncia una importantes baja de derechos de exportación (DEX) para sus materias primas agrícolas.
En junio, Argentina procesó 4,05 millones de toneladas de soja, superando los 3,8 millones de mayo y alcanzando un acumulado de 20,1 millones en el primer semestre, frente a 19,2 millones del mismo período de 2024. Este mayor ritmo de molienda se traduce en una mayor oferta de subproductos. La soja sigue siendo epicentro de las tensiones comerciales, con realidades muy distintas entre productores del norte y del sur.
China pone techo al precio de la harina de soja
La harina de soja en China retrocedió tras varios días de subas, debido a la confirmación de un segundo cargamento argentino vendido a una empresa estatal, lo que apunta a un canal de suministro estable. Esta llegada genera una importante distorsión en los precios, ya que la harina importada es considerablemente más barata que la local no transgénica, según fuentes de mercado, reflejando un ajuste estratégico en el mercado chino más allá de la guerra comercial. La compra estatal por parte de China respalda la idea que, la harina argentina podría consolidarse como un actor relevante en el abastecimiento chino.
Todo apunta a que el próximo movimiento del mercado dependerá menos del clima… y más de la geopolítica.