{"id":9397,"date":"2025-03-02T15:57:08","date_gmt":"2025-03-02T18:57:08","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/el-hambre-lo-primero-que-se-aprende\/"},"modified":"2025-03-02T15:57:08","modified_gmt":"2025-03-02T18:57:08","slug":"el-hambre-lo-primero-que-se-aprende","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/el-hambre-lo-primero-que-se-aprende\/","title":{"rendered":"El hambre, lo primero que se aprende"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/El-hambre-lo-primero-que-se-aprende.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"cuerpo\">\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\">\n<p>En La Dama de Porto Pim, Antonio Tabucchi da cuenta del sombr\u00edo relato de Christop Meckel: Hacia el fin de la Segunda Guerra, una enorme ballena, exhausta y descalabrada, se embarranc\u00f3 en la playa de una peque\u00f1a y bombardeada ciudad alemana. Aquel mastodonte marino respiraba con dificultad, inm\u00f3vil, sin poder hacer nada. La gente miraba impotente, tambi\u00e9n. Nadie sab\u00eda c\u00f3mo ayudarla, tampoco c\u00f3mo matarla.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\">\n<p>Para esos teutones desconcertados, el pobre cet\u00e1ceo no era m\u00e1s que un cilindro oscuro y lustroso que, hasta ese d\u00eda, apenas si hab\u00edan visto en alguna ilustraci\u00f3n, enfatiz\u00f3 Meckel. Pero un d\u00eda, \u201calguien cogi\u00f3 un cuchillo, se acerc\u00f3 a la ballena, y extrajo un cono de aquella carne grasienta y se la llev\u00f3, con prisas, a su casa\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\">\n<p>En las noches siguientes, los lugare\u00f1os hac\u00edan fila para arrancar pedazos a la ballena. Algunos se cubr\u00edan los rostros por verg\u00fcenza. Aun as\u00ed la muerte no llegaba, como si esos alemanes macilentos, m\u00e1s bien fuesen chinos martirizadores practicando el suplicio de la muerte de los mil y un cortes.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\">\n<p>He le\u00eddo varias veces esta l\u00fagubre cr\u00f3nica sin poder evadir ciertos recuerdos: entre 2014 y 2019, mis a\u00f1os finales de activo en la Universidad del Zulia (Maracaibo), daba miedo irse de vacaciones porque, a la vuelta, no se sab\u00eda qu\u00e9 profesor llegar\u00eda m\u00e1s enflaquecido por superar marcas de ayuno que har\u00edan palidecer al artista del hambre de Kafka.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\">\n<p>La revoluci\u00f3n era nuestro repulsivo espect\u00e1culo del hambre kafkiano y, una versi\u00f3n mejorada, del suplicio chino. El hambre mata lento. No solo a profesores, por supuesto. M\u00e1s de 6 millones de venezolanos padecen hambre cr\u00f3nica, seg\u00fan agencias de las Naciones Unidas. Y a falta de ballenas encalladas, imaginemos especies m\u00e1s a la mano. Esperemos que no haya historias secretas de canibalismos comunales, aunque a Montaigne no le parezca grotesco mientras no se trate de ning\u00fan ritual guerrero: \u201cNo dejo de reconocer la barbarie que supone comerse al enemigo\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\">\n<p>Miguel Hern\u00e1ndez escribi\u00f3: \u201cEl hambre es el primero de los conocimientos \/ tener hambre es la cosa primera que se aprende \/ Y la ferocidad de nuestros sentimientos \/ all\u00e1 donde el est\u00f3mago se origina, se enciende\u201d. Pero si el hambre es un instinto b\u00e1sico, \u201ccomer\u201d es parte de la evoluci\u00f3n humana al domesticar plantas y animales para \u201cposeer el mundo natural\u201d, transformarlo y servirlo en la mesa, dice Massimo Montanari. Y a\u00f1ade: \u201cLa comida es cultura cuando se consume\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\">\n<p>Para Hip\u00f3crates es res non naturalis (antinatural). Convenidos de su condici\u00f3n cultural, es concurrente de la econom\u00eda y la pol\u00edtica. Entonces, puede derivar en alguna forma de dominaci\u00f3n al controlar las posibilidades de acceso al acto de \u201ccomer\u201d. Y convertirlo, as\u00ed, en chantaje y sumisi\u00f3n. Es decir, para hacer del \u201cacto de comer\u201d un \u201checho cultural\u201d, debo someterme. De lo contrario, comer ser\u00eda una reacci\u00f3n de \u201cferocidad de nuestros sentimientos\u201d, su animalizaci\u00f3n radical, el hombre-bestia, borrando todo rastro de libre albedr\u00edo. Y si Marx ve en la lucha de clases el motor de la historia, Mart\u00edn Caparr\u00f3s, cree que el hambre (versi\u00f3n feroz de la lucha de clases) es raz\u00f3n de revoluciones y contrarrevoluciones. Sentencia que: \u201cninguna plaga es tan letal y, al mismo tiempo, tan evitable como el hambre\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\">\n<p>En La epopeya de Gilgamesh, las palabras de la prostituta Shamhat a Enkid\u00fa siguen vigentes a m\u00e1s de tres mil a\u00f1os: \u00abCome el pan, Enkidu, esencial para la vida, y bebe la cerveza, el destino de la Tierra\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/opinion\/hambre-primero-aprende_0_loacVu6ToE.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En La Dama de Porto Pim, Antonio Tabucchi da cuenta del sombr\u00edo relato de Christop Meckel: Hacia el fin de la Segunda Guerra, una enorme ballena, exhausta y descalabrada, se embarranc\u00f3 en la playa de una peque\u00f1a y bombardeada ciudad alemana. Aquel mastodonte marino respiraba con dificultad, inm\u00f3vil, sin poder hacer nada. 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