{"id":48633,"date":"2025-08-06T05:50:01","date_gmt":"2025-08-06T08:50:01","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/las-locas-historias-del-hombre-mas-mentiroso-del-mundo\/"},"modified":"2025-08-06T05:50:01","modified_gmt":"2025-08-06T08:50:01","slug":"las-locas-historias-del-hombre-mas-mentiroso-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/las-locas-historias-del-hombre-mas-mentiroso-del-mundo\/","title":{"rendered":"Las locas historias del hombre m\u00e1s mentiroso del mundo"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div id=\"cuerpo\">\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-0\">\n<p>Una noche de 1898, los lectores brit\u00e1nicos se agolpan en los quioscos para conseguir el \u00faltimo n\u00famero de <em>The Wide World Magazine<\/em>. En \u00e9l, <strong>un desconocido llamado Louis de Rougemont relata c\u00f3mo sobrevivi\u00f3 durante 30 a\u00f1os entre tribus australianas.<\/strong> All\u00ed hab\u00eda sido adorado como un dios mientras exploraba tierras v\u00edrgenes y cazaba cocodrilos. Uno de sus pasajes m\u00e1s memorables es la vez que cabalg\u00f3 sobre una tortuga gigante a trav\u00e9s de un arrecife de coral. <\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-1\">\n<p>El relato tiene todo lo que un voraz lector de aventuras desear\u00eda: <strong>selvas, perlas, oro, animales imposibles y un protagonista ind\u00f3mito<\/strong>. Hasta entonces, nadie hab\u00eda o\u00eddo hablar de Louis de Rougemont. Muy pronto, todos lo har\u00edan.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-2\">\n<p><strong>El viajero hab\u00eda nacido como Henri Louis Grin en 1847, en Gressy<\/strong>, un peque\u00f1o pueblo suizo. Criado en una familia modesta, a los 16 a\u00f1os decidi\u00f3 abandonar su hogar. A partir de entonces, su vida se convirti\u00f3 en una larga errancia.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-3\">\n<p>Fue valet de la actriz y escritora Fanny Kemble, mayordomo del gobernador de Australia Occidental, Sir William Robinson, y tambi\u00e9n sirviente de un banquero suizo. <strong>Pero aquellos trabajos, que podr\u00edan haberle dado cierta estabilidad, le duraban poco<\/strong>. Su destino empezaba a inclinarse hacia una forma de notoriedad mucho menos convencional.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-4\">\n<p>Durante a\u00f1os<strong> sobrevivi\u00f3 como m\u00e9dico sin t\u00edtulo<\/strong>, fot\u00f3grafo de esp\u00edritus e inventor. En Australia contrajo matrimonio, pero no tard\u00f3 en abandonar a su esposa. Lo \u00fanico que parec\u00eda dominar con aut\u00e9ntica maestr\u00eda era el arte del disfraz. Hasta que, en 1898, dio un giro total. <strong>Con el seud\u00f3nimo Louis de Rougemont, comenz\u00f3 a publicar una serie de cr\u00f3nicas deslumbrantes, en las que contaba su vida como n\u00e1ufrago y explorador entre tribus perdidas.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<p><cite class=\"author-cite blockquote-embed\" id=\"element-body-5\"><\/p>\n<p>Dec\u00eda haber visto peque\u00f1os koalas voladores, haber presenciado la desaparici\u00f3n del c\u00e9lebre explorador Alfred Gibson y descubierto yacimientos de oro cuya localizaci\u00f3n no revelaba.<\/p>\n<p><\/cite><\/p>\n<div class=\"sc-98b114a2-0 bkqiHH image-embed  image-embed \" id=\"element-body-6\"><picture class=\"sc-98b114a2-1 jRUlDm\"><source media=\"(min-width: 975px)\" width=\"720\" height=\"480\" \/><img fetchpriority=\"high\" alt=\"Un libro recogi\u00f3 los relatos fant\u00e1sticos de Louis de Rougemont.\" loading=\"eager\" width=\"720\" height=\"480\" decoding=\"async\" data-nimg=\"1\" style=\"color:transparent\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Las-locas-historias-del-hombre-mas-mentiroso-del-mundo.jpg\"\/><span class=\"epigraphe\">Un libro recogi\u00f3 los relatos fant\u00e1sticos de Louis de Rougemont.<\/span><span class=\"picture-open\"><button class=\"open-image\" aria-label=\"Open Image\"\/><\/span><\/picture><\/div>\n<p><h2>El loro cazador <\/h2>\n<\/p>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-8\">\n<p>A lo largo de varios n\u00fameros de The Wide World Magazine, Rougemont asegur\u00f3 haber vivido con los abor\u00edgenes australianos. Afirmaba haber aprendido sus lenguas y costumbres, e incluso aseguraba que lo veneraban.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-9\">\n<p>Dec\u00eda haber visto peque\u00f1os koalas voladores, haber presenciado la desaparici\u00f3n del c\u00e9lebre explorador Alfred Gibson y descubierto <strong>yacimientos de oro<\/strong> cuya ubicaci\u00f3n, seg\u00fan \u00e9l, deb\u00eda mantener en secreto por cl\u00e1usulas contractuales con una empresa minera.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-10\">\n<p>Entre sus historias m\u00e1s pintorescas estaba la del loro cazador: una <strong>cacat\u00faa entrenada<\/strong> por \u00e9l mismo para atraer aves con su canto melodioso. Bastaba una tonada aguda para que los p\u00e1jaros acudieran, confiados, al alcance de sus flechas.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-11\">\n<p><strong>Tambi\u00e9n aseguraba haber domesticado a un canguro <\/strong>y creado con \u00e9l una suerte de zool\u00f3gico improvisado. Sus descripciones de los rituales espirituales eran hipn\u00f3ticas. Narraba ceremonias nocturnas donde mujeres ancianas, que \u00e9l describ\u00eda como brujas, se reun\u00edan en torno a fogatas para invocar a los esp\u00edritus de jefes muertos. En el humo danzaban siluetas humanas y el aire se impregnaba de un silencio reverente, apenas interrumpido por c\u00e1nticos guturales y danzas fren\u00e9ticas. Aseguraba haber presenciado esas visiones cada a\u00f1o, sin lograr jam\u00e1s explicarlas del todo.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-12\">\n<p><strong>El p\u00fablico oscilaba entre el asombro y el escepticismo.<\/strong> Las cartas al director no cesaban: mientras algunos lectores se burlaban de su geograf\u00eda imprecisa, otros lo acusaban de impostor por no poder ubicar en un mapa los lugares donde afirmaba haber vivido.<\/p>\n<\/div>\n<p><h2>El pulpo gigante<\/h2>\n<\/p>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-14\">\n<p>La Royal Geographical Society lleg\u00f3 a convocarlo. Rougemont se present\u00f3, pero no ofreci\u00f3 m\u00e1s que evasivas. Aleg\u00f3 contratos de confidencialidad. Se neg\u00f3 a hablar en las lenguas ind\u00edgenas que dec\u00eda conocer. Y, sin embargo, su fama no hac\u00eda m\u00e1s que crecer.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-15\">\n<p>Una de sus narraciones m\u00e1s impactantes tuvo lugar en una inmersi\u00f3n en busca de perlas. Durante una expedici\u00f3n, uno de los buzos malayos avist\u00f3 una sombra inquietante bajo el agua y, sin dudarlo, se lanz\u00f3 al mar. Lo que sucedi\u00f3 despu\u00e9s parec\u00eda una aventura sacada de<em> Veinte mil leguas de viaje submarino<\/em>, de Julio Verne. <\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-16\">\n<p><strong>Un pulpo gigantesco emergi\u00f3, lanz\u00f3 sus tent\u00e1culos y atrap\u00f3 la embarcaci\u00f3n, arrastr\u00e1ndola hacia las profundidades. <\/strong>El caos fue inmediato. Los compa\u00f1eros, desesperados, lograron arrojar una red al mar. Apenas lograron arrancar al buzo de aquel abrazo viscoso. Sali\u00f3 a la superficie cubierto de marcas, con la respiraci\u00f3n entrecortada. Lo revivieron sumergi\u00e9ndolo en un ba\u00f1o tan caliente que le ampoll\u00f3 la piel.<\/p>\n<\/div>\n<p><h2>La lluvia de peces<\/h2>\n<\/p>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-18\">\n<p>En otro de sus episodios m\u00e1s inolvidables, Rougemont relataba una jornada en el desierto australiano junto a su compa\u00f1era Yamba. Una nube negra apareci\u00f3 en el horizonte. Lo celebraron como una se\u00f1al de lluvia, pero lo que cay\u00f3 del cielo fueron peces. Literalmente.<strong> Lluvia de peces vivos, como si alguien volcara un r\u00edo desde las nubes.<\/strong> Cuando la tormenta ces\u00f3, los charcos se llenaron de peces agit\u00e1ndose. Seg\u00fan \u00e9l, vivieron varios d\u00edas de esa pesca milagrosa hasta que el sol evapor\u00f3 el agua y dej\u00f3 la llanura convertida en un lodazal pestilente. Aseguraba que para los nativos era un fen\u00f3meno conocido.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-19\">\n<p>Otra historia lo situaba frente a una criatura casi mitol\u00f3gica. Una laguna infestada por un pez monstruoso, al que los lugare\u00f1os tem\u00edan porque consideraban un esp\u00edritu maligno. Pero Rougemont no se amedrent\u00f3. Ide\u00f3 un plan: teji\u00f3 redes con corteza de \u00e1rbol, construy\u00f3 una canoa r\u00fastica y entr\u00f3 en la laguna. <\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-20\">\n<p>Apenas despleg\u00f3 la trampa, el gran pez emergi\u00f3 con furia. Su hocico, afilado como una sierra, atraves\u00f3 la embarcaci\u00f3n de lado a lado. Tuvo que saltar al agua y nadar hasta la orilla. Vio al monstruo enredado en la red, dando coletazos que salpicaban toda la superficie.<strong> Hab\u00eda domado al esp\u00edritu m\u00e1s temido del lugar, gan\u00e1ndose as\u00ed el respeto eterno de la tribu.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-98b114a2-0 bkqiHH image-embed  image-embed \" id=\"element-body-21\"><picture class=\"sc-98b114a2-1 jRUlDm\"><source media=\"(min-width: 975px)\" width=\"720\" height=\"480\" \/><img alt=\"Louis de Rougemont fue una celebridad en su tiempo.\" loading=\"eager\" width=\"720\" height=\"480\" decoding=\"async\" data-nimg=\"1\" style=\"color:transparent\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/1754470201_318_Las-locas-historias-del-hombre-mas-mentiroso-del-mundo.jpg\"\/><span class=\"epigraphe\">Louis de Rougemont fue una celebridad en su tiempo.<\/span><span class=\"picture-open\"><button class=\"open-image\" aria-label=\"Open Image\"\/><\/span><\/picture><\/div>\n<p><cite class=\"author-cite blockquote-embed\" id=\"element-body-22\"><\/p>\n<p>En 1899, lanz\u00f3 una gira por Sud\u00e1frica con un show de music-hall titulado El mayor mentiroso del mundo.<\/p>\n<p><\/cite><\/p>\n<p><h2>La hora de la verdad<\/h2>\n<\/p>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-24\">\n<p>Pero todo mito arrastra su lado oscuro. En septiembre de 1898, el <em>Daily Chronicle<\/em> public\u00f3 la carta de u<strong>n lector que aseguraba conocer a Louis de Rougemont: no era otro que Henri Louis Grin, un suizo que pasaba sus d\u00edas en la Biblioteca Brit\u00e1nica recopilando material para sus historias.<\/strong> Seg\u00fan este denunciante, Grin hab\u00eda trabajado como vendedor para su empresa.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-25\">\n<p>Acusado de fraude, Grin intent\u00f3 defenderse enviando una carta firmada con su nombre real. Alegaba estar consternado por ser confundido con Louis de Rougemont. Nadie le crey\u00f3, pero todos la leyeron al punto de que el esc\u00e1ndalo duplic\u00f3 las ventas. <em>The Wide World Magazine <\/em>aprovech\u00f3 la pol\u00e9mica y lanz\u00f3 una edici\u00f3n especial para Navidad. <strong>La mentira era puro espect\u00e1culo.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-26\">\n<p>Grin no se dio por vencido. En 1899, lanz\u00f3 una gira por Sud\u00e1frica con un show de music-hall titulado <em>El mayor mentiroso del mundo<\/em>. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, intent\u00f3 repetir el n\u00famero en Australia, pero esta vez fue abucheado y obligado a abandonar el escenario.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-27\">\n<p>En 1906, reapareci\u00f3 en Londres con una propuesta ins\u00f3lita: <strong>mostrar en vivo c\u00f3mo se cabalgaba una tortuga. <\/strong>El p\u00fablico, fascinado, lo ovacion\u00f3. A esas alturas, la b\u00fasqueda de la verdad ya hab\u00eda quedado atr\u00e1s. Durante la Primera Guerra Mundial, Grin hizo un \u00faltimo intento por recuperar notoriedad: present\u00f3 un sustituto de la carne que pronto fue desenmascarado como un fraude m\u00e1s.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-28\">\n<p><strong>Muri\u00f3 en la pobreza, en Londres, el 9 de junio de 1921. <\/strong>Tiempo despu\u00e9s, <em>The Wide World Magazine<\/em> escribi\u00f3 sobre \u00e9l: \u201cLa verdad es m\u00e1s extra\u00f1a que la ficci\u00f3n, pero Rougemont es m\u00e1s extra\u00f1o que ambas\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-29\">\n<p>Entre verdades dudosas, mentiras deslumbrantes y actos magn\u00e1nimos, Louis de Rougemont consigui\u00f3 lo que muy pocos logran: dejar huella y escapar al olvido.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/viva\/locas-historias-hombre-mentiroso-mundo_0_AQtsG17C9d.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una noche de 1898, los lectores brit\u00e1nicos se agolpan en los quioscos para conseguir el \u00faltimo n\u00famero de The Wide World Magazine. 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