{"id":47701,"date":"2025-08-03T16:24:59","date_gmt":"2025-08-03T19:24:59","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/caroline-blackwood-inglaterra-me-deshizo-asi\/"},"modified":"2025-08-03T16:24:59","modified_gmt":"2025-08-03T19:24:59","slug":"caroline-blackwood-inglaterra-me-deshizo-asi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/caroline-blackwood-inglaterra-me-deshizo-asi\/","title":{"rendered":"Caroline Blackwood: Inglaterra me deshizo as\u00ed"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Caroline-Blackwood-Inglaterra-me-deshizo-asi.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"element-body-0\">\n<p>Dicen que la infancia es el jard\u00edn que nutre la imaginaci\u00f3n de un artista. Quiz\u00e1 sea cierto, s\u00f3lo que en las narraciones breves reunidas en Ni una palabra, de la escritora inglesa <strong>Caroline Blackwood<\/strong>, ese jard\u00edn aparece como un pantano lleno de una bruma tan amarga como envolvente. Blackwood naci\u00f3 en 1931 en Londres, dentro de la nobleza brit\u00e1nica, y al mismo tiempo heredera del imperio cervecero de la familia irlandesa Guinness. A los 14 a\u00f1os, muri\u00f3 su padre Basil Hamilton-Temple-Blackwood, cuarto marqu\u00e9s de Dufferin y Ava, y la adolescente qued\u00f3 a merced de su madre, una belleza deslumbrante que ten\u00eda como m\u00e1xima aspiraci\u00f3n jugar a las cartas y asistir a bailes de la realeza.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-1\">\n<p>Los tres hermanos <strong>Blackwood <\/strong>quedaron a la deriva, ning\u00fan familiar estuvo dispuesto a hacerse cargo de ellos, y padecieron el trato tortuoso de ni\u00f1eras s\u00e1dicas. De hecho, Caroline narra una de estas experiencias en \u201cNi una palabra\u201d, el texto que abre la antolog\u00eda. Sus frases son de una capacidad escalofriante para exponer la decrepitud del esp\u00edritu humano y la fragilidad de una infancia absolutamente expuesta a los males del mundo.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-2\">\n<p>La salida de la infancia tampoco le trajo alivio. Durante la Segunda Guerra, Caroline ingres\u00f3 al colegio m\u00e1s cercano, una instituci\u00f3n masculina que encarna todos los horrores de una \u00e9lite brit\u00e1nica acostumbrada a un vac\u00edo emocional insondable. Aqu\u00ed el origen de su vocaci\u00f3n, ya que las vivencias la llevaron en esa \u00e9poca a escribir su primer relato, \u201cCochino\u201d, en el que expone las pericias de una adolescente que enfrenta los abusos con estoicismo. El texto deja a la vista el nacimiento de una imaginaci\u00f3n l\u00fagubre, tan g\u00f3tica como audaz. Algunos rasgos de estilo, como las repeticiones, la sintaxis dislocada y la atracci\u00f3n por el desprecio van a convertirse en un sello de su escritura m\u00e1s madura.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-3\">\n<p>Hay un rotundo placer malicioso en los personajes de todas las historias de la selecci\u00f3n. Esa insistencia que podr\u00eda volver mon\u00f3tono el conjunto, provoca una cierta fascinaci\u00f3n. Ya que de cuento a cuento se genera la expectativa de una maldad que, a pesar de anticiparse, va m\u00e1s all\u00e1 de cualquier proporci\u00f3n. Se percibe con especial fuerza en la primera ficci\u00f3n, \u201cLa entrevista\u201d. Aborda el di\u00e1logo entre la viuda de un artista c\u00e9lebre y un periodista, luego de asistir al estreno de la pel\u00edcula biogr\u00e1fica del pintor. Resulta inevitable asociar el cuento con la biograf\u00eda de la autora. <\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-4\">\n<p>En una fiesta Blackwood conoci\u00f3 al pintor <strong>Lucian Freud<\/strong>, por entonces casi desconocido, y se fugaron a Par\u00eds. A pesar de la sistem\u00e1tica conspiraci\u00f3n de su madre para destruir el v\u00ednculo, el romance prosper\u00f3. Se casaron y en los cinco a\u00f1os que estuvieron juntos hubo infidelidades, problemas econ\u00f3micos, tensiones por el ego man\u00edaco de Freud. A\u00fan as\u00ed alimentaron la formaci\u00f3n art\u00edstica de la joven; se hizo amiga de Francis Bacon, descubri\u00f3 el mundo de la bohemia londinense y el alcohol, que ser\u00eda una de sus adicciones.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-5\">\n<p>Reci\u00e9n quince a\u00f1os m\u00e1s tarde <strong>Blackwood <\/strong>empezar\u00eda a escribir. Entre tanto, abandon\u00f3 a Freud; angustiada por la ruptura y abrumada con los intentos de \u00e9l por volver, se refugi\u00f3 en la villa romana de una t\u00eda. Ah\u00ed se enamor\u00f3 del guionista <strong>Ivan Moffat<\/strong>, al que despu\u00e9s sigui\u00f3 hasta California para aventurarse en la interpretaci\u00f3n. No tuvo el \u00e9xito que esperaba y se mud\u00f3 a Nueva York. Tuvo un romance breve con el fot\u00f3grafo Walker Evans, y muy r\u00e1pido se cas\u00f3 con el pianista Israel Citkowitz, m\u00fasico prometedor que se consagr\u00f3 a cuidar a su esposa y a sus dos hijas.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-6\">\n<p>El tercer matrimonio de <strong>Blackwood <\/strong>empez\u00f3 con una pasi\u00f3n desbordada por el poeta <strong>Robert Lowell<\/strong>, que deriv\u00f3 muy pronto en un caos sentimental, ya que ambos padec\u00edan trastornos psicol\u00f3gicos (\u00e9l era bipolar y ella sufr\u00eda un alcoholismo cr\u00f3nico). El drama se agrav\u00f3 con el nacimiento del \u00fanico hijo que tuvieron juntos. Y las desgracias se sucedieron en una cadena siniestra: la ni\u00f1era llev\u00f3 a los tres hijos de Carolina a pasear y un auto los choc\u00f3; la pareja sali\u00f3 en auto y sufri\u00f3 un accidente; una de las nenas fue a la cocina a buscar galletitas y se le cay\u00f3 una tetera llena de agua hirviendo en la cara. <\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-7\">\n<p>En particular, este \u00faltimo suceso se muestra en el relato \u201cUnidad de quemados\u201d, que narra la experiencia de la escritora en el hospital mientras su hija permanec\u00eda internada. Y hay m\u00e1s a\u00fan, luego de siete a\u00f1os escabrosos, Lowell decidi\u00f3 volver con su anterior esposa, pero nunca lleg\u00f3 a destino: sufri\u00f3 un ataque al coraz\u00f3n en el taxi que lo llevaba de vuelta a la casa de su exmujer en Nueva York, mientras llevaba en las manos un retrato Caroline pintado por Freud. Con tan s\u00f3lo unos meses de diferencia tambi\u00e9n muri\u00f3 la hija mayor de Blackwood, por una sobredosis.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-8\">\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la sucesi\u00f3n tr\u00e1gica, esa \u00e9poca contribuy\u00f3 con la vocaci\u00f3n de <strong>Blackwood <\/strong>como escritora. En los diez a\u00f1os que siguieron public\u00f3 cuatro novelas (alguna tenebrosa, como <em>La hijastra<\/em>, o bien la m\u00e1s g\u00f3tica <em>Great Granny Webster<\/em>, inspirada en su familia), tres ensayos, dos compilaciones de textos breves y un libro de recetas.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-9\">\n<p>A\u00fan as\u00ed, reci\u00e9n ahora se traduce a nuestra lengua una selecci\u00f3n con sus relatos m\u00e1s destacados, que en su conjunto resultan un camino extraordinario para recorrer el territorio cautivantemente sombr\u00edo de su po\u00e9tica. De hecho, en sinton\u00eda con el lujo de los escenarios, el lenguaje es sofisticado; sus met\u00e1foras encuentran el modo de exhibir lo s\u00f3rdido con una elegancia siniestra. Los hombres, las mujeres, incluso los ni\u00f1os que habitan las escenas miran a los otros desde la desconfianza, el resentimiento y act\u00faan para da\u00f1arse mutuamente en una cadena sinf\u00edn. Las escenas consiguen captar la dimensi\u00f3n m\u00e1s abismal de la herida de la soledad y la capacidad de autoflagelaci\u00f3n que s\u00f3lo se serena cuando se lastima a otro.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-10\">\n<p><em>Ni una palabra<\/em>, Caroline Blackwood. Trad. Dami\u00e1n Tullio. Chai Editora, 212 p\u00e1gs.<\/p>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-n\/caroline-blackwood-inglaterra-deshizo_0_eKl0rOeZ3Q.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dicen que la infancia es el jard\u00edn que nutre la imaginaci\u00f3n de un artista. Quiz\u00e1 sea cierto, s\u00f3lo que en las narraciones breves reunidas en Ni una palabra, de la escritora inglesa Caroline Blackwood, ese jard\u00edn aparece como un pantano lleno de una bruma tan amarga como envolvente. 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