{"id":39892,"date":"2025-07-06T10:25:55","date_gmt":"2025-07-06T13:25:55","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/olga-tokarczuk-se-interna-y-sale-ilesa\/"},"modified":"2025-07-06T10:25:55","modified_gmt":"2025-07-06T13:25:55","slug":"olga-tokarczuk-se-interna-y-sale-ilesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/olga-tokarczuk-se-interna-y-sale-ilesa\/","title":{"rendered":"Olga Tokarczuk se interna y sale ilesa"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/Olga-Tokarczuk-se-interna-y-sale-ilesa.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"element-body-0\">\n<p>En el a\u00f1o 1859, convencido de los efectos ben\u00e9ficos que el clima de las monta\u00f1as podr\u00eda tener sobre los pacientes con tuberculosis, el doctor Herman Brehmer cre\u00f3 el primer sanatorio para tuberculosos. Emplazado en la ciudad de G\u00f6rbensdorf (Baja Silesia, al sudoeste de Polonia), en realidad se trataba de una <em>Kurhaus<\/em>, es decir, una especie de hotel de lujo que propon\u00eda para la curaci\u00f3n de los dolientes las terapias de moda en aquellos tiempos; terapias que tan buenos resultados le hab\u00edan dado al propio Brehmer, portador, \u00e9l mismo, de la temible enfermedad: largos paseos al aire libre, exposici\u00f3n al fr\u00edo, duchas con agua helada, comidas abundantes complementadas con co\u00f1ac y vinos, y controles permanentes de la temperatura corporal.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-1\">\n<p>El sanatorio de G\u00f6rbensdorf casi cierra sus puertas cuando, en 1882, Koch demostr\u00f3 el origen bacteriano de la tuberculosis, pero el establecimiento de un cuidadoso sistema de desinfecci\u00f3n y la instalaci\u00f3n de un laboratorio permitieron seguir con el rentable negocio, de acceso, \u00fanicamente, como es l\u00f3gico, a personas adineradas de la \u00e9poca.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-2\">\n<p>Hubo, en Davos, Suiza, otro sanatorio para tuberculosos muy famoso (el Sanatorio de Wald) en el que se inspir\u00f3 <strong>Thomas Mann<\/strong> para escribir <strong><em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em><\/strong>. All\u00ed llegaba el joven e inocente Hans Castorp, enfermo de tuberculosis, por las mismas fechas en que llega a G\u00f6rbensdorf el joven e inocente Myeczyslaw Wojnicz, \u201ccat\u00f3lico, estudiante de la Universidad Polit\u00e9cnica de Le\u00f3polis, nacido en 1889, ojos azules, estatura mediana, cara ovalada, cabello claro\u201d, como nos lo describe su creadora, la escritora polaca <strong>Olga Tokarczuk<\/strong> en su novela <strong><em>Tierra de empusas<\/em><\/strong>.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-3\">\n<p>Corre el a\u00f1o 1913, la <em>Kurhaus <\/em>tiene los cupos completos y Wojnicz se aloja en una pensi\u00f3n para caballeros a cargo de Wilhelm Opitz. El arreglo le resulta, tambi\u00e9n, econ\u00f3micamente m\u00e1s rentable: har\u00e1 sus curas en el sanatorio, y comer\u00e1 y dormir\u00e1 en la pensi\u00f3n de Herr Opitz, lo que lo llevar\u00e1, por un lado, a ahorrar, y por otro a conocer a un ecl\u00e9ctico abanico de personalidades.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-4\">\n<p>No hay, en <strong><em>Tierra de empusas<\/em><\/strong>, grandes debates filos\u00f3ficos como los que, en La monta\u00f1a m\u00e1gica mantienen Settembrini y Naphta, quienes se erigen, en \u00faltima instancia, en educadores del joven Castorp. Las narradoras secretas de esta historia lo dicen muy pronto: \u201cNosotras, sin embargo, consideramos que lo m\u00e1s interesante permanece en la sombra, en aquello que no se ve\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-5\">\n<p>Wojnicz podr\u00eda hacerse eco de esta frase, que se le ha hecho carne: \u00e9l mismo tiene un secreto, un defecto cong\u00e9nito que permanece en la sombra y que no se ve, y que ha marcado toda su vida, del mismo modo en que lo ha marcado para siempre la muerte de su madre, primero, y la p\u00e9rdida de su ni\u00f1era, Gliceria, m\u00e1s tarde. La orfandad de Wojnicz, que lo ha dejado al cuidado de su padre, es mucho m\u00e1s que el dolor de la ausencia: lo ha relegado al mundo de los enfermos, ha convertido su vida entera en la de un inadaptado.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-6\">\n<p>Sin embargo, a lo largo de estas p\u00e1ginas, quedar\u00e1 claro que los inadaptados son muchos. Algunos, como Thilo, quien se convertir\u00e1 en el amigo m\u00e1s cercano de Wojnicz, son conscientes del espanto y la injusticia del mundo; otros, los m\u00e1s, se dedicar\u00e1n en sus largos paseos a dejar claras su opiniones sobre la mitad de la humanidad: \u201cCuanto m\u00e1s valoren ustedes a alguien, tanto menos lo valorar\u00e1n ellas; es as\u00ed porque las mujeres buscan en la literatura un pretexto para liberar sus emociones y les es muy ajeno hacer uso de las ideas\u201d (seg\u00fan August). \u201cLa mujer es una especie de [\u2026] rezagada evolutiva\u201d (seg\u00fan Lukas). \u201cNos guste o no, \u00fanicamente la maternidad justifica la existencia de ese problem\u00e1tico sexo\u201d (seg\u00fan Optiz).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-7\">\n<p>El miedo a lo femenino, parece, ha recorrido todos los siglos y geograf\u00edas: en su nota final, <strong>Tokarczuk <\/strong>consigna que todas las citas acerca de la naturaleza de las mujeres son en verdad par\u00e1frasis de textos de autores que van desde Agust\u00edn de Hipona hasta Yeats, pasando por Jean Paul Sartre y Ezra Pound, entre otros.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-8\">\n<p>Volviendo a Wojnicz, durante su estad\u00eda en G\u00f6rbensdorf nuestro h\u00e9roe tendr\u00e1 una tarea mucho m\u00e1s importante que curarse la tuberculosis. Tendr\u00e1 que conocerse a s\u00ed mismo, perdonarse la infinita verg\u00fcenza que siente, abrazar su debilidad e intentar tomar las riendas de su destino.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-9\">\n<p>No podemos adelantar c\u00f3mo lo hace; ser\u00eda desleal para con los lectores. Pero s\u00ed podemos decir que, como a Quentin Tarantino, a Olga Tokarczuk le gusta reescribir los finales. Y que lo que consigue es casi un prodigio. Era dif\u00edcil sospechar que un cl\u00e1sico pudiera reescribirse bajo la factura de un cl\u00e1sico y convertirse, casi inmediatamente, en otro cl\u00e1sico.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-10\">\n<p><em>Tierra de empusas<\/em>, Olga Tokarczuk. Trad. Katarzyna Mo\u0142oniewicz y Abel Murcia. Anagrama, 344 p\u00e1gs.<\/p>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-n\/olga-tokarczuk-interna-sale-ilesa_0_EAWCvZr1Ad.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 1859, convencido de los efectos ben\u00e9ficos que el clima de las monta\u00f1as podr\u00eda tener sobre los pacientes con tuberculosis, el doctor Herman Brehmer cre\u00f3 el primer sanatorio para tuberculosos. 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