{"id":37385,"date":"2025-06-26T18:53:30","date_gmt":"2025-06-26T21:53:30","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/la-razon-sitiada\/"},"modified":"2025-06-26T18:53:30","modified_gmt":"2025-06-26T21:53:30","slug":"la-razon-sitiada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/la-razon-sitiada\/","title":{"rendered":"La raz\u00f3n sitiada"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-razon-sitiada.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"cuerpo\">\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-0\">\n<p>Vivimos en una \u00e9poca<strong> parad\u00f3jica. <\/strong>Por un lado, el acceso al conocimiento nunca fue tan amplio, tan inmediato, tan democratizado. Por otro, nunca como hoy pareci\u00f3 estar tan ausente de la vida p\u00fablica el uso activo, riguroso y exigente de la raz\u00f3n. Las herramientas que han guiado durante siglos los grandes debates de la humanidad \u2014la historia cr\u00edtica, el pensamiento cient\u00edfico, el m\u00e9todo anal\u00edtico, la deliberaci\u00f3n racional\u2014 han sido desplazadas en vastos sectores de la vida social por nuevas formas de persuasi\u00f3n, m\u00e1s emocionales, m\u00e1s viscerales, menos sometidas a prueba.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-1\">\n<p>En este nuevo mundo, la raz\u00f3n parece sitiada, y su principal obst\u00e1culo no es ya una ideolog\u00eda antit\u00e9tica, sino algo m\u00e1s inquietante: <strong>una gran masa de indiferentes. <\/strong>La indiferencia contempor\u00e1nea no es simple apat\u00eda; es, m\u00e1s bien, una forma de distanciamiento respecto de las categor\u00edas que, desde la Ilustraci\u00f3n en adelante, estructuraron nuestra comprensi\u00f3n del mundo.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-2\">\n<p>Si las grandes discusiones de anta\u00f1o se fundaban en preguntas sobre la justicia, el progreso, la verdad, la libertad, hoy muchos las perciben como anacr\u00f3nicas, irrelevantes o, peor a\u00fan, sospechosas. Este desplazamiento no es azaroso. Se inscribe en una transformaci\u00f3n m\u00e1s amplia de la esfera p\u00fablica, donde el sentido se construye cada vez menos por argumentaci\u00f3n racional y cada vez m\u00e1s por apelaciones afectivas, identitarias, performativas.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-3\">\n<p>En este nuevo escenario, los actores sociales se agrupan en torno a dos polos que, aunque en constante di\u00e1logo, obedecen a l\u00f3gicas diferentes. Por un lado, quienes siguen apelando a la raz\u00f3n: convocan a los textos, a la evidencia, a la historia como <em>magistra vitae,<\/em> como fuente de juicio comparativo.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-4\">\n<p>Su objetivo no es tanto ganar una discusi\u00f3n cuanto reintroducir en el debate p\u00fablico una exigencia epist\u00e9mica: <strong>que no todo argumento es v\u00e1lido, que no toda opini\u00f3n es equiparable a un hecho, que las decisiones colectivas deben ser informadas, discutidas, sopesadas.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-5\">\n<p>Pero del otro lado emerge con creciente fuerza una racionalidad distinta, que quiz\u00e1s debamos dejar de calificar simplemente como \u201cirracional\u201d para empezar a comprenderla como un nuevo r\u00e9gimen de sentido. Este r\u00e9gimen no se funda en la prueba, sino en la adhesi\u00f3n; no busca convencer, sino movilizar; no argumenta, sino que conmueve.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-6\">\n<p>Se sirve de emociones primarias \u2014el miedo, la indignaci\u00f3n, la rabia, el resentimiento\u2014 y construye relatos que no necesitan validarse en la realidad porque encuentran su eficacia en la resonancia afectiva que generan. Aqu\u00ed conviven, sin contradicci\u00f3n aparente, el dogmatismo religioso, los populismos de diversa \u00edndole, el nacionalismo identitario y <strong>la cultura del odio como vector pol\u00edtico.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-7\">\n<p>No es casual que en este terreno proliferen l\u00edderes que hacen de la emocionalidad su principal herramienta. Le hablan al miedo ajeno porque conocen, \u00edntimamente, el propio. Como advirti\u00f3 Guglielmo Ferrero, hay en ciertos conductores una pulsi\u00f3n de dominio que no nace de la confianza en el orden, sino del pavor al caos. Y es precisamente ese miedo lo que los lleva a rechazar toda mediaci\u00f3n, todo l\u00edmite, toda raz\u00f3n que ponga en duda su voz.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-8\">\n<p>Dejan entrever, para quien observa con cuidado, una l\u00f3gica invertida: cuanto m\u00e1s temen, m\u00e1s necesitan emocionar. Ahora bien, no todas las emociones son enemigas de la raz\u00f3n. Como bien recuerda Martha Nussbaum, no hay democracia posible sin emociones, pero s\u00ed sin emociones educadas.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-9\">\n<p>La compasi\u00f3n, la empat\u00eda, la esperanza o incluso la justa indignaci\u00f3n no son fuerzas irracionales que deban ser desterradas, sino impulsos morales que, cuando se cultivan en contextos \u00e9ticos, permiten ampliar el horizonte de lo razonable. No se trata de enfrentar la emoci\u00f3n a la raz\u00f3n, sino de civilizar la emoci\u00f3n para que esta se vuelva aliada del juicio cr\u00edtico, y no su sustituto.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-10\">\n<p>En esa direcci\u00f3n, el desaf\u00edo no es solo resistir la emocionalidad bruta, sino cultivar una emocionalidad que enriquezca la vida democr\u00e1tica en vez de degradarla. La raz\u00f3n, entonces, ya no disputa \u00fanicamente con formas tradicionales de dogmatismo.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-11\">\n<p>Hoy debe enfrentarse a una cultura de la inmediatez emocional, acelerada por las tecnolog\u00edas digitales, que convierte al sujeto contempor\u00e1neo en consumidor de afectos antes que en agente reflexivo. No es casual que, en este clima, resurjan formas de pensamiento m\u00e1gico, conspirativo o reaccionario. Son expresiones de una misma deriva: la sustituci\u00f3n del examen cr\u00edtico por el confort de la convicci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-12\">\n<p>Ante este panorama, quienes a\u00fan creemos en la potencia transformadora de la raz\u00f3n debemos asumir un doble desaf\u00edo. Por un lado, evitar el repliegue elitista, que solo profundiza la desconexi\u00f3n con las mayor\u00edas. Por otro, encontrar nuevas formas de seducci\u00f3n intelectual, menos solemnes, m\u00e1s dial\u00f3gicas, capaces de despertar, aunque sea en dosis modestas, esa inquietud por comprender que ha sido siempre la ra\u00edz del pensamiento cr\u00edtico.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-13\">\n<p>No se trata de renunciar al rigor, sino de recuperar la capacidad de interpelar, de conmover incluso, sin caer en la trampa de la emocionalidad vac\u00eda. Y, sin embargo, una pregunta ronda mi cabeza \u2014no nueva, pero s\u00ed vigente\u2014: \u00bfestaba Goya en lo cierto cuando dec\u00eda que el sue\u00f1o de la raz\u00f3n produce monstruos? \u00bfEs su ausencia lo que engendra el <strong>delirio<\/strong> o, por el contrario, es su exceso lo que deviene pesadilla?<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-14\">\n<p>Tal vez el verdadero desaf\u00edo no sea solo despertar la raz\u00f3n, sino tambi\u00e9n vigilar sus sue\u00f1os. Porque, al fin y al cabo, el problema no es que la raz\u00f3n no tenga respuestas, sino que el mundo ya no formula las preguntas. All\u00ed reside nuestro verdadero drama contempor\u00e1neo: hemos delegado la b\u00fasqueda de sentido en algoritmos, l\u00edderes carism\u00e1ticos o narrativas redentoras, y, al hacerlo, hemos puesto en pausa nuestra capacidad m\u00e1s noble \u2014y m\u00e1s fr\u00e1gil\u2014: la de pensar cr\u00edticamente. Tal vez sea hora de que la raz\u00f3n vuelva a hablar no solo como argumento, sino tambi\u00e9n como promesa de emancipaci\u00f3n, como acto de fe \u2014parad\u00f3jicamente\u2014 en la inteligencia humana. \u00bfEs demasiado pedir? <\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-45461e9c-0 eqiBeF container-text text-embed \" id=\"element-body-15\">\n<p><em>(*) El autor de esta columna es economista y ensayista. Washington DC.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/opinion\/razon-sitiada_0_62ejHgpLBD.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivimos en una \u00e9poca parad\u00f3jica. Por un lado, el acceso al conocimiento nunca fue tan amplio, tan inmediato, tan democratizado. Por otro, nunca como hoy pareci\u00f3 estar tan ausente de la vida p\u00fablica el uso activo, riguroso y exigente de la raz\u00f3n. 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