{"id":32975,"date":"2025-06-11T16:12:30","date_gmt":"2025-06-11T19:12:30","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/chatwin-y-aquel-coleccionista-en-la-praga-de-la-guerra-fria\/"},"modified":"2025-06-11T16:12:30","modified_gmt":"2025-06-11T19:12:30","slug":"chatwin-y-aquel-coleccionista-en-la-praga-de-la-guerra-fria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/chatwin-y-aquel-coleccionista-en-la-praga-de-la-guerra-fria\/","title":{"rendered":"Chatwin y aquel coleccionista en la Praga de la guerra fr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Chatwin-y-aquel-coleccionista-en-la-Praga-de-la-guerra.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"element-body-0\">\n<p>Edmund de Waal, que escribi\u00f3 un libro sobre el tema, estimaba que deb\u00eda haber alg\u00fan parentesco entre el secreto de la porcelana \u2013el verdadero oro blanco\u2013 y la promesa de un deseo satisfecho. Algo de aquel v\u00ednculo conjetural parece haber reverberado, si no en el temperamento, en el gusto de la \u00faltima novela del trotamundos ingl\u00e9s <strong>Bruce Chatwin<\/strong> (1940-89).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-1\">\n<p>Kaspar Utz, su protagonista, es una criatura de otro tiempo, acaso de otro mundo. Vive en la Praga comunista como si habitara un saloncito rococ\u00f3 del siglo XVIII, rodeado de pastores de Meissen, s\u00e1tiros esmaltados y ninfas decimon\u00f3nicas. Arist\u00f3crata jud\u00edo de ascendencia germana, mel\u00f3mano diletante, cat\u00f3lico de galanter\u00eda barroca, Utz cultiva nostalgias menores entre las ruinas de una Europa que ha sustituido los tapices por el lin\u00f3leo y las elegancias por el formulario. Su departamento, atestado de piezas invaluables y fulgor melanc\u00f3lico, es tanto vitrina como celda monacal.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-2\">\n<p>Es ac\u00e1 donde el libro se hermana, en sordina, con <em>La casa de la vida<\/em> de Mario Praz. Aquel mausoleo florentino, donde cada silla, cada retrato, cada tapiz cumpl\u00eda los rigores de la autobiograf\u00eda sin an\u00e9cdotas, encuentra en el piso praguense de Utz su r\u00e9plica austroh\u00fangara. Pero donde Praz escribe con la arrogancia del latinista amante de las decadencias, Chatwin escoge el tono menor, la iron\u00eda casi inglesa de quien sabe que todo gabinete de curiosidades es tambi\u00e9n una forma de encierro. Utz no posee objetos: los atesora, los venera, se disuelve en ellos.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-3\">\n<p>En cierta medida, <strong><em>Utz <\/em><\/strong>\u2013publicada originalmente en 1988\u2013 es una novela sobre el deseo de permanencia en un siglo que celebr\u00f3 la destrucci\u00f3n. La historia de un esteta burgu\u00e9s atrapado en la maquinaria gris del r\u00e9gimen comunista, incapaz de huir por culpa \u2013o por amor\u2013 de su colecci\u00f3n de porcelanas. Al fin y al cabo, toda revoluci\u00f3n pasa, pero un s\u00e1tiro de Meissen en perfecto estado es la cifra de la inmortalidad. Si Walter Benjamin ve\u00eda en el coleccionista a un redentor laico del objeto, Chatwin lo considera m\u00e1s bien como una figura tr\u00e1gica: alguien que sacrifica el mundo por su reproducci\u00f3n. Como todos los grandes coleccionistas, Utz no ama el mundo, ama su r\u00e9plica.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-4\">\n<p>Pero, en rigor, no se trata de la historia de un hombre, sino de la tentativa de reconstruirlo a trav\u00e9s de los objetos de su devoci\u00f3n. El narrador, un alter ego apenas velado de <strong>Chatwin<\/strong>, llega a Praga tras la muerte de Utz y reconstruye su estela como quien examina las ruinas de un templo \u00edntimo; de ah\u00ed que termine reconociendo que su relato est\u00e1 compuesto por malentendidos, conjeturas, versiones cruzadas; un salpicado de impresiones que oscilan entre la pesquisa enciclop\u00e9dica y la confidencia desplazada. Como si <strong><em>Utz <\/em><\/strong>fuera el inventario de un inventario: la anotaci\u00f3n marginal de un cat\u00e1logo perdido.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-5\">\n<p>En la delgada anatom\u00eda de <strong><em>Utz <\/em><\/strong>caben disquisiciones eruditas tanto sobre la leyenda del G\u00f3lem hebreo \u2013esa criatura hecha de arcilla y animada por la palabra\u2013, como sobre la mosca dom\u00e9stica; la cr\u00f3nica de la invenci\u00f3n de la porcelana, desde su origen en China hasta su renacimiento europeo en los talleres de Meissen; y la afici\u00f3n insaciable de Rodolfo II por conformar un wunderkammer que contenga el orbe entero.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-6\">\n<p>Hay momentos en que la novela parece tratar sobre la supervivencia de las formas: c\u00f3mo resiste una sensibilidad cuando ya no hay mundo que la acoja. Pero tambi\u00e9n \u2013y esto es m\u00e1s inquietante\u2013 sobre c\u00f3mo esas formas sobreviven a sus devotos. Utz es el guardi\u00e1n de su colecci\u00f3n, pero tambi\u00e9n su reh\u00e9n. Y quiz\u00e1s \u2013como sugiere la escena final, casi secreta\u2013 ni siquiera eso. Tal vez lo que cre\u00edamos entender era s\u00f3lo una fachada. Y el verdadero acto de posesi\u00f3n ocurre despu\u00e9s de la muerte: cuando el objeto conserva aquello que el sujeto pierde.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-7\">\n<p>Lo que <strong>Chatwin <\/strong>ofrece, entonces, no es la glosa de un pasatiempo extravagante, sino un ejercicio de esgrima sobre la fetichizaci\u00f3n de lo irrepetible. \u201cLos objetos\u201d, escribe, \u201cson el espejo inmutable en el que vemos c\u00f3mo nos desintegramos. Nada es m\u00e1s envejecedor que una colecci\u00f3n de obras de arte\u201d. As\u00ed, <strong><em>Utz <\/em><\/strong>es tanto una alegor\u00eda melanc\u00f3lica sobre el alma cautiva como una eleg\u00eda por el arte como \u00faltimo basti\u00f3n contra el tiempo.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-8\">\n<p><strong>Chatwin<\/strong>, que fue un viajero perenne y un narrador de geograf\u00edas m\u00f3viles en los m\u00e1rgenes del mundo, encuentra a un h\u00e9roe est\u00e1tico: un hombre que atraviesa la Historia sin moverse de su sitio. Y si antes hab\u00eda recorrido el globo buscando secretos enterrados en desiertos, en tribus y manuscritos, se encierra ahora en un departamento calefaccionado de Praga para contarnos que, a veces, el verdadero viaje consiste en no mover ni una sola pieza.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-9\">\n<p><em>Utz<\/em>, Bruce Chatwin. Trad. de Eduardo Goligorsky. Pinka, 118 p\u00e1gs.<\/p>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-n\/chatwin-coleccionista-praga-guerra-fria_0_yHMwGXQUhX.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edmund de Waal, que escribi\u00f3 un libro sobre el tema, estimaba que deb\u00eda haber alg\u00fan parentesco entre el secreto de la porcelana \u2013el verdadero oro blanco\u2013 y la promesa de un deseo satisfecho. 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