{"id":25115,"date":"2025-05-14T06:18:33","date_gmt":"2025-05-14T09:18:33","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/apuntes-para-una-historia-personal-de-internet-ii\/"},"modified":"2025-05-14T06:18:33","modified_gmt":"2025-05-14T09:18:33","slug":"apuntes-para-una-historia-personal-de-internet-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/apuntes-para-una-historia-personal-de-internet-ii\/","title":{"rendered":"Apuntes para una historia personal de Internet (II)"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Apuntes-para-una-historia-personal-de-Internet-II.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"element-body-0\">\n<p>En el principio, era el verbo. Y ese verbo era \u201cnavegar\u201d. A finales de los a\u00f1os 90, cuando Internet hizo presencia en los hogares de mi juventud, experiment\u00f3 la primera de sus metamorfosis imaginarias: de ser la \u201csuper-autopista de la informaci\u00f3n\u201d -una imagen vinculada a lo que precisamente no ten\u00eda, esto es, velocidad- pas\u00f3 a considerarse una especie de <strong>oc\u00e9ano informativo<\/strong> en el que, justamente, nos adentr\u00e1bamos los \u201ccibernautas\u201d con alg\u00fan primitivo \u201cnavegador\u201d, como el entonces hegem\u00f3nico Internet Explorer o su rival alternativo, Nets-cape Navigator.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-1\">\n<p>Ese cambio en el modo de nombrar lo que era, para muchos, <strong>un aspecto irrenunciable de la vida cotidiana<\/strong> aboli\u00f3 la idea de que Internet iba a ser un sitio ordenado, como lo sugieren los carriles de la supuesta autopista, y deb\u00eda m\u00e1s bien entenderse como algo vasto, indeterminado, cuando no potencialmente infinito. Una descripci\u00f3n pertinente, adem\u00e1s, para expresar la fascinaci\u00f3n que supon\u00eda saltar, normalmente de noche, de una p\u00e1gina web a otra, siguiendo una madeja invisible durante horas. Foros de usuarios, portales piratas de descarga y contenido para adultos, todo se encontraba disperso en internet, como islas desprovistas de alg\u00fan mapa elaborado, s\u00f3lo al alcance de los tenaces y los curiosos. La aventura, adem\u00e1s, no estaba exenta de riesgos:<strong> circulaban relatos sobre hackers -piratas-, virus -maldiciones- y espectaculares naufragios que acababan con la PC para siempre.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-2\">\n<p>A diferencia de lo que ocurre actualmente, Internet en ese entonces era <strong>un sitio apartado de lo real,<\/strong> cuyos l\u00edmites eran claramente distinguibles. Uno pod\u00eda pasarse la madrugada completa indagando en los portales y descargando informaci\u00f3n, o chateando con alguien del otro lado del mundo, pero el <strong>mundo real estaba all\u00ed al otro d\u00eda, inmutable, esperando nuestro atolondrado regreso. <\/strong>Uno pod\u00eda \u201cestar\u201d -o no- en Internet, lo cual implicaba conectarse de casa, la oficina o alg\u00fan cibercaf\u00e9, y adem\u00e1s que el tiempo de conexi\u00f3n era <strong>continuo, pero limitado<\/strong>.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-3\">\n<p>A comienzos del 2000, las cosas cambiaron. Lleg\u00f3 \u201cla nube\u201d y quedaron atr\u00e1s las met\u00e1foras oce\u00e1nicas para referirse a Internet: era el turno de lo abstracto, de lo et\u00e9reo. La web se convirti\u00f3 en <strong>un lugar imaginario<\/strong> en la estrat\u00f3sfera, del cual se \u201csuben\u201d (up-load) o se \u201cbajan\u201d (down-load) los archivos, y unos a\u00f1os despu\u00e9s, tras la llegada del smartphone, perdi\u00f3 inclusive la impronta misma de lugar, ya que estuvo en adelante siempre contenido en el bolsillo.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-4\">\n<p><strong>Hoy en d\u00eda no se puede \u201cestar\u201d en Internet, pero tampoco estar afuera.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-5\">\n<p>Podemos a lo sumo abrir o cerrar la sesi\u00f3n de nuestras redes sociales, desactivar sus notificaciones o incluso -los m\u00e1s aguerridos-, apagar el tel\u00e9fono por un rato; Internet seguir\u00e1 all\u00ed, en todas partes, en las ondas de radio del WiFi que hay en el aire. Solo que ahora carece de los misterios y la aventura que ten\u00eda navegar: <strong>se ha convertido en una rutina de zapping, un cat\u00e1logo infinito que desplazar con el dedo.<\/strong> Ya no parecen existir los \u201ccibernautas\u201d. \u00danicamente consumidores de contenido.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-6\">\n<p><em>El autor es escritor venezolano<\/em><\/p>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/opinion\/apuntes-historia-personal-internet-ii_0_GVpJWYCLu5.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el principio, era el verbo. Y ese verbo era \u201cnavegar\u201d. 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