{"id":22556,"date":"2025-05-05T18:12:32","date_gmt":"2025-05-05T21:12:32","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/enredos-de-nueva-york-a-california\/"},"modified":"2025-05-05T18:12:32","modified_gmt":"2025-05-05T21:12:32","slug":"enredos-de-nueva-york-a-california","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/enredos-de-nueva-york-a-california\/","title":{"rendered":"enredos de Nueva York a California"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/enredos-de-Nueva-York-a-California.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"element-body-0\">\n<p>La serialidad, las variaciones y la continuidad insistente a partir de una premisa expansiva son constantes en la obra de <strong>Stephen Dixon<\/strong> (1936-2019), que en <strong><em>Cartas a Kevin<\/em><\/strong> mitiga esas obsesiones de una vida ofreciendo una novela tan amable como tard\u00eda. Publicada originalmente en 2016, la narraci\u00f3n parte de un contexto urbano racionalista para adentrarse en la juguetona y bizarra l\u00f3gica de los sue\u00f1os, donde el dinero y los medios de comunicaci\u00f3n y transporte de una naci\u00f3n se difuminan en un absurdo picaresco y huidizo.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-1\">\n<p>Cierto anacronismo universal de siglo XX permea el relato ya desde las misivas unilaterales del t\u00edtulo que el neoyorquino Rudy Foy le env\u00eda casi sin pausa a Kevin Wafer, un ni\u00f1o de Palo Alto, California, en el que el protagonista cimenta el anhelo de un reencuentro c\u00e1lido y afectivo. En principio simple como una l\u00ednea, ese trayecto este-oeste que Rudy debe atravesar para llegar a su objetivo se revela imposible, un rumbo lleno de desv\u00edos, rebotes y zigzags en el que cualquier cosa puede pasar y en donde el propio lenguaje es el veh\u00edculo.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-2\">\n<p>Precedido en cada uno de sus<strong> sketches epistolares<\/strong> por la expresi\u00f3n \u201cQuerido Kevin\u201d, el texto comienza con la llamada del narrador a una operadora desde una cabina telef\u00f3nica en la que se ha quedado encerrado, para que lo contacte con el preciado Kevin, seguida de una serie de enredos a corta y larga distancia: la llamada a un vecino para que llame a su vez a Kevin, el contacto con un Kevin Wafer equivocado y el intercambio con un hombre que se ha quedado igualmente varado en una cabina en Roma y al que Rudy le pide que vaya a rescatarlo. Esa soledad enclaustrada y digresiva de ladrillo visto recuerda al primer <strong>Dixon<\/strong>, aunque la trama deja pronto atr\u00e1s el cubismo bidimensional y se lanza al devenir horizontal del viaje, en un curso sinuoso y deforme que parece arbitrario pero que prueba ser exhaustivo.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-3\">\n<p>As\u00ed suced\u00eda tambi\u00e9n en <strong><em>Interestatal <\/em><\/strong>(1995), la monstruosa antiobra maestra de Dixon que concentraba sus narraciones paralelas en torno a una tragedia enloquecedora de ruta, si bien la traves\u00eda de <strong><em>Cartas a Kevin<\/em><\/strong> es por contraste juguetona, inocente, bondadosamente concesiva en sus gr\u00e1ciles puntos y aparte. El af\u00e1n de totalidad destella en la seguidilla de transportes a los que recurre Rudy, que va agotando las opciones de desplazamiento al moverse a dedo, en taxi, autob\u00fas, globo, caballo, furgoneta y submarino, e inclusive el paradero de Kevin involucrar\u00e1 la que acaso sea la nave a\u00e9rea definitiva.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-4\">\n<p><strong>La novela avanza en simult\u00e1neo a la fantas\u00eda y la extra\u00f1eza surreal (o la familiaridad on\u00edrica), como una <em>En el camino<\/em> orquestada por Lewis Carroll, Jonathan Swift o Terry Gilliam<\/strong>: Rudy se convertir\u00e1 moment\u00e1neamente en una bolsa de papas o en un paquete de libros, conocer\u00e1 a la civilizaci\u00f3n desapercibida de los translibipianos, montar\u00e1 un dedo gigante, despertar\u00e1 en interiores enigm\u00e1ticos, ver\u00e1 a los mitol\u00f3gicos pixies y asistir\u00e1 a una comunidad viviente de le\u00f1as de abedul en un bosque, apurado a su vez por diversos dilemas monetarios (centavos que faltan o sobran, multas de tr\u00e1fico, alquileres impagos).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-5\">\n<p>La clave est\u00e1 sin embargo en los idiomas alternativos o acertijos y adivinanzas con los que se cruza el narrador, por cuanto hay personajes que le devuelven sus frases, transbordos que piden contrase\u00f1as, se\u00f1ales en c\u00f3digo morse, alfabetos no verbales y hasta una lengua alien\u00edgena. En su legibilidad enga\u00f1osa, <strong><em>Cartas a Kevin<\/em><\/strong> es en verdad una f\u00e1bula sobre la incomunicaci\u00f3n o la intraducibilidad de la experiencia, rasgo que se evidencia en los dibujos de Dixon que escoltan a la narraci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-6\">\n<p>R\u00fasticos y caricaturescos, estos esbozos son s\u00f3lo en apariencia ilustraciones de lo narrado y exhiben m\u00e1s bien un lenguaje o estilo contiguo en el que la escritura se abisma (\u00bfc\u00f3mo entender, si no, la tautolog\u00eda del dibujo de la m\u00e1quina de escribir en la que Rudy redacta sus cartas?). La literatura, sugiere <strong>Stephen Dixon<\/strong>, es un transporte simb\u00f3lico que nos devuelve un reflejo alterado, un destino que siempre est\u00e1 por descifrarse.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-7\">\n<p><em>Cartas a Kevin<\/em>, Stephen Dixon. Eterna Cadencia. Trad. Ariel Dilon. 216 p\u00e1gs.<\/p>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-n\/stephen-dixon-enredos-nueva-york-california_0_Kmf668Fyrc.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La serialidad, las variaciones y la continuidad insistente a partir de una premisa expansiva son constantes en la obra de Stephen Dixon (1936-2019), que en Cartas a Kevin mitiga esas obsesiones de una vida ofreciendo una novela tan amable como tard\u00eda. 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