{"id":21916,"date":"2025-05-02T19:19:45","date_gmt":"2025-05-02T22:19:45","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/vuelve-cortazar-y-es-poeta\/"},"modified":"2025-05-02T19:19:45","modified_gmt":"2025-05-02T22:19:45","slug":"vuelve-cortazar-y-es-poeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/vuelve-cortazar-y-es-poeta\/","title":{"rendered":"Vuelve Cort\u00e1zar y es poeta"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Vuelve-Cortazar-y-es-poeta.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"cuerpo\">\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-0\">\n<p><strong>Encuentro de Julio<\/strong>. Era el 12 de febrero de 1984 y las radios perezosas del domingo dieron la noticia de la muerte de Julio Cort\u00e1zar. Agarr\u00e9 lo que pude que fuera del gran escritor de nuestras vidas, el cronopio que nos ense\u00f1\u00f3 a mirar por las rendijas de la literatura, y me fui al peri\u00f3dico a buscar reacciones, a encontrarme con el pasado para decir, a trav\u00e9s de El Pa\u00eds, que ya no estar\u00eda m\u00e1s en esta tierra el autor de Rayuela.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-1\">\n<p>Lo hab\u00eda conocido a\u00f1os en 1972 cuando \u00e9l cruzaba, cuidando el paso como si se fuera a caer como \u00e1rbol sobre los adoquines de la Plaza de la Bolsa en \u00c1msterdam. Cuando lo vi tal como era, tan elegante, le grit\u00e9 a un amigo fot\u00f3grafo, Carlos A. Schwartz, que por all\u00ed ven\u00eda Cort\u00e1zar.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-2\">\n<p>Ninguno de los dos sab\u00eda que se podr\u00eda cruzar en ese viaje el autor de nuestras vidas como lectores. Hab\u00eda dos inevitables lugares de la literatura a la que nos sent\u00edamos inclinados, uno era Cort\u00e1zar, naturalmente, y otro era Guillermo Cabrera Infante, el escritor cubano al que no conoc\u00edamos y que viv\u00eda en Londres, exiliado, con su mujer, la actriz Miriam G\u00f3mez.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-3\">\n<p>Carlos se acerc\u00f3 sin c\u00e1mara y Cort\u00e1zar par\u00f3 como si lo detuviera un im\u00e1n. Estuvimos hablando hasta que \u00e9l aleg\u00f3 prisa o jaleo, y nos fuimos como si un celaje llamado Julio hubiera simulado estar con nosotros en la Plaza de la Bolsa en Amsterdam.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-4\">\n<p>Despu\u00e9s de eso habl\u00e1bamos del gran escritor como de un primo pr\u00f3ximo. Y, claro, el autor de aquel libro memorable, que nos hizo a todos sus lectores hijos de la noche, como si la noche fuera tambi\u00e9n de d\u00eda, no sab\u00eda de nosotros nada m\u00e1s que lo que pas\u00f3 ese ratito, y ni eso: \u00e9ramos admiradores de su historia, y de sus historias, de su estatura y de su modo de caminar, de tocar el clarinete o de mirar, lo ve\u00edamos en las fotograf\u00edas que fueron convirti\u00e9ndolo, para nosotros, en el objeto eterno de una pasi\u00f3n: su literatura.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-5\">\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s le envi\u00e9 a su direcci\u00f3n (1, rue Le Per\u00f3n) de Par\u00eds el resultado de la conversaci\u00f3n que hab\u00edamos tenido. Y despu\u00e9s me atrev\u00ed a buscarlo por tel\u00e9fono. En esa calle hab\u00eda muchos nombres propios, pero ninguno era el suyo, as\u00ed que los iba a llamar a todos, empezando por el apellido de un m\u00e9dico interno de hospital\u2026<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-6\">\n<p>Cuando al otro lado me respondi\u00f3, \u201coui, je sui Julio Cort\u00e1zar\u201d, sent\u00ed que el mundo era m\u00e1s chico que Par\u00eds. A \u00e9l le hab\u00eda sorprendido que con tan poco material yo hubiera hecho una p\u00e1gina en mi peri\u00f3dico; quedamos para otro tiempo, u otras coincidencias, porque \u00e9l me anunci\u00f3 que se iba a Turqu\u00eda. A\u00f1os despu\u00e9s, ya roto por la muerte de su \u00faltimo amor, Carol Dunlop, apareci\u00f3 por Madrid, volviendo de Nicaragua. \u00c9l ya estaba enfermo del mal del que muri\u00f3, un contagio de sida de aquellos tiempos, pero estaba por publicar con Mario Muchnik su libro Nicaragua violentamente dulce y recal\u00f3 primero en el hotel Suecia de Madrid, donde ya lo entrevist\u00e9 en persona, y despu\u00e9s en el molino que ten\u00edan los Muchnik cerca de Segovia\u2026<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-7\">\n<p>Despu\u00e9s vino esa noticia de la muerte, aquel domingo del que tengo ya el recuerdo. Ni entonces ni durante mucho tiempo entre nosotros habit\u00f3 la certeza de que aquel hombre que hab\u00eda escrito Rayuela, as\u00ed como el legendario Historias de cronopios y de famas era, adem\u00e1s, un poeta, ejerciendo de tal, volando como poeta para dejar escrito en el suelo de su tristeza (y de su miedo a la muerte) la pasi\u00f3n por ser a la vez el que estaba y el que se iba.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-8\">\n<p><strong>Poes\u00eda de Julio.<\/strong> Esa poes\u00eda fue amaneciendo a medida que las editoriales empezaron a sentir que aquel Cort\u00e1zar de las estanter\u00edas estaba incompleto. Todo el mundo, sus amigos, sus lectores m\u00e1s firmes, conoc\u00eda de la existencia dispersa de esos poemas, de sus t\u00edtulos, de sus nacimientos y de sus or\u00edgenes, pero fue tan potente Rayuela, y los suced\u00e1neos, importantes o no, de ese libro abrumador, que la gente en general no tuvo la ocurrencia de exigir a los editores que buscaran esos versos y los subieran a las estanter\u00edas.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-9\">\n<p>En uno de mis viajes a una tierra que fue muy cortazariana, Palma de Mallorca, me encontr\u00e9 una vez con un manuscrito de NEGRO EL 10, que \u00e9l escribi\u00f3 para subrayar unos bell\u00edsimos dibujos de su amigo, y paisano, Luis Tomasello, amigo del pintor Jos\u00e9 Luis Fajardo, que tiene \u00e9l mismo en su estudio de Madrid esa hermosura que combina la esencia de la poes\u00eda de Julio con el dibujo misterioso de su amigo. Tomasello ser\u00eda luego, en aquel febrero de 1984, quien dise\u00f1\u00f3 la tumba que para siempre llevar\u00e1 la nostalgia de Cort\u00e1zar.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-10\">\n<p>De aquel tiempo, y de ese modo de juntar pintura con literatura, es la esencia de su poes\u00eda. Se inauguraba esa reliquia con un verso de Leopoldo Marechal (Con el n\u00famero dos nace la pena) y es una esencia escalofriante de su pasi\u00f3n por hacer que las palabras, sus palabras, las que atrajo a sus libros, volaran solas.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-11\">\n<p>La secuencia en este caso llevaba en may\u00fasculas su descripci\u00f3n numeral, tan suya: AQU\u00cd DEL UNO AL DOS\/ DEL DOS AL TRES; UN TRES QUE SE SOSTIENE Y BAILA\/ DESDE S\u00cd MISMO\/ CONSIGO MISMO\/ UNA DANZA QUE BUSCA ENCUENTRA Y PIERDE\/ PARA BUSCAR DE NUEVO\/ EN SU LIVIANO JUEGO DE COLORES\/ DE DISTANCIAS Y DE \u00c1NGULOS\u2026; EL DOS NO VOLVER\u00c1\/ TAMPOCO EL UNO.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-12\">\n<p>NEGRO EL 10 ser\u00eda la secuencia posterior de ese enorme esfuerzo de concisi\u00f3n llevado a cabo por el autor de obras tan singulares, y tan potentes, de la literatura de trazo largo. \u201cEmpieza por no ser. Por ser no. El Caos es negro. Como es negra la nada\u201d. As\u00ed comienza ese poemario, que es como la esencia de lo que nada en este libro en el que ahora toda esa enorme, bell\u00edsima, declaraci\u00f3n de fe en la poes\u00eda, revindica al Cort\u00e1zar que no dej\u00f3 el mundo sin un legado que parec\u00eda convivir, desde el ni\u00f1o que fue, en el alma de uno de los grandes escritores totales del siglo XX.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-13\">\n<p>La haza\u00f1a (que fue de Cort\u00e1zar, verso a verso) ahora es un libro de la poes\u00eda completa de uno de los escritores con m\u00e1s alma entre todos los que dieron el Boom y, en general, la cultura en lengua espa\u00f1ola del siglo XX\u2026 y del XXI.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-14\">\n<p>La edici\u00f3n, que ha llevado a cabo Alfaguara, la editorial que ha publicado pr\u00e1cticamente toda la obra del autor de los cronopios, se debe al escritor Andreu Jaume. Parte, dice \u00e9ste en un pr\u00f3logo sucinto, como si el ant\u00f3logo no quisiera irrumpir demasiado en la propia creaci\u00f3n del autor al que rinde homenaje, de las Obras completas que ya compil\u00f3 para Galaxia Gutenberg un gran amigo de Cort\u00e1zar, su compatriota Sa\u00fal Yurkievich, que fue hermano de alma, e incluso de humor, con la colaboraci\u00f3n de diversos cortazarianos que pusieron en marcha la haza\u00f1a de subrayar este rengl\u00f3n imprescindible de la naturaleza po\u00e9tica de la literatura del gran cronopio.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-15\">\n<p>El libro, que tiene 800 p\u00e1ginas, prescinde \u201cde notas y variantes\u201d, e incluye una secci\u00f3n de in\u00e9ditos. As\u00ed que esta poes\u00eda de Cort\u00e1zar, la que escribi\u00f3 de joven, a veces con seud\u00f3nimo, y la que escribi\u00f3 en los a\u00f1os en que ya era un autor reconocido de novelas y de cuentos, incluye, por ejemplo, su primer libro \u00edntegro como poeta, F\u00e1bula de la muerte, \u201cescrito y firmado con el pseud\u00f3nimo de Julio Denis\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-16\">\n<p>Este conjunto tiene otros in\u00e9ditos. Es, dice Andreu Jaume, \u201cla compilaci\u00f3n m\u00e1s completa que se ha podido hacer hasta la fecha de la poes\u00eda de un escritor que ya en 1969 se consideraba \u00b4un viejo poeta` &#8211;Cort\u00e1zar firm\u00f3 su primer poemario en 1971&#8211;, aunque hasta entonces hubiera llevado en secreto esa otra faceta de su imaginaci\u00f3n que ilumina como un fuego oculto la riqueza de sus conocidas ficciones\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"sc-80531b6b-0 chRIGJ container-text text-embed\" id=\"element-body-17\">\n<p>Es impresionante ahora leer a este Cort\u00e1zar, cuya melancol\u00eda parece uno de sus m\u00e1s rec\u00f3nditos tesoros, quiz\u00e1 los que quiso guardar, con nombre supuesto, para que su alma de poeta no se confundiera, y no siempre lo consigui\u00f3, con su identidad de narrador. Leer ahora estos versos rejuvenece al gran narrador y pone en su sitio, un sitial entero, al poeta que en un tiempo us\u00f3 seud\u00f3nimo y ya es para siempre, ahora s\u00ed, el completo poeta que fue Julio Cort\u00e1zar. <\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/opinion\/vuelve-cortazar-poeta_0_1dSCz15nTL.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Encuentro de Julio. Era el 12 de febrero de 1984 y las radios perezosas del domingo dieron la noticia de la muerte de Julio Cort\u00e1zar. 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