{"id":17074,"date":"2025-04-01T16:53:28","date_gmt":"2025-04-01T19:53:28","guid":{"rendered":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/john-banville-de-dublin-al-cosmos\/"},"modified":"2025-04-01T16:53:28","modified_gmt":"2025-04-01T19:53:28","slug":"john-banville-de-dublin-al-cosmos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/13.com.ar\/index.php\/john-banville-de-dublin-al-cosmos\/","title":{"rendered":"John Banville, de Dubl\u00edn al cosmos"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/13.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/John-Banville-de-Dublin-al-cosmos.jpg\" \/><\/p>\n<div id=\"element-body-0\">\n<p>En no pocas de sus novelas, <strong>John Banville<\/strong> se ubica en un punto m\u00e1s o menos fijo y confiable del tiempo y el espacio: una casa tirando a derruida a mediados del siglo veinte en una Irlanda pueblerina, casi rural. Lo mismo hace su estilo, porfiadamente esmerado, manierista, ir\u00f3nico, anacr\u00f3nico. Se nota \u2013no es tan com\u00fan\u2013 su \u00e1vido br\u00edo al escribir. Al igual que sus colegas Samuel Beckett, Georges Simenon y Patrick Modiano, apuesta a rehacer el mismo libro una y otra vez, acaso porque conf\u00eda que esta vez s\u00ed, se lo jura, lo har\u00e1 mejor.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-1\">\n<p>Capas de pasado conviven en su reciente y cautivante memoria <strong><em>La alquimia del tiempo<\/em><\/strong>, en la que su meritoria arrogancia se ve prolijamente dinamitada mediante una \u00edntima operaci\u00f3n de impiedad. La misma que le aplica a la curia local y a cuanta sotana se asome en cualquier l\u00ednea.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-2\">\n<p>Personajes estramb\u00f3ticos, parques favoritos, primeros amores: \u201cEn aquellos tiempos reprimidos las chicas \u2018finas\u2019 no iban a ning\u00fan sitio sin acompa\u00f1ante, excepto para confesarse\u201d. Bibliotecas p\u00fablicas, donde una vez sustrajo sin pedir permiso los poemas completos de Dylan Thomas. Los ladrillos de Dubl\u00edn, que les confer\u00edan a las fachadas una textura especial. Distracciones, cine (su director preferido era Antonioni). Mareados predecesores desconcertantes: Brendan Behan, Patrick Kavanagh, Flann O\u2019Brien. Contempor\u00e1neos apreciados: John McGahern, Seamus Heaney. <\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-3\">\n<p>\u201c\u00bfSon imaginaciones m\u00edas o acierto al pensar que los ingleses nunca nos toman en serio a los irlandeses?\u201d, suelta. Hay m\u00e1s de un pasaje revelador, por lo que delata, sobre todo, de su modo de percibirse: \u201cPara bien o para mal, como escritor siempre me ha interesado no lo que hace la gente \u2013eso, como podr\u00eda decir Joyce, con t\u00edpico desd\u00e9n joyceano, es cosa de periodistas\u2013, sino lo que es\u201d. Algo que sus ficciones \u2013igual que las de Joyce\u2013 se encargan de desmentir por medio de disecciones en las que temperamentos y actuaciones se pasean indivisibles.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-4\">\n<p>Si <strong><em>La alquimia del tiempo<\/em><\/strong> parece empezar a bajar un tel\u00f3n personal,<strong><em> Las singularidades<\/em><\/strong> busca ir cerrando el c\u00edrculo de su ficci\u00f3n, convocando a muchas de sus figuras previas (incluso, por triangulaci\u00f3n, a los cient\u00edficos Kepler, Newton y Cop\u00e9rnico). Banville ha sido un experto en contar vidas huidizas como esas y otras, y <strong><em>Las singularidades<\/em><\/strong> est\u00e1 protagonizada por el bi\u00f3grafo por encargo de un notable matem\u00e1tico.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-5\">\n<p>Otra vez, el narrador de <strong>Banville <\/strong>se las sabe todas y eso no le impide mofarse de s\u00ed mismo. Se siente a sus anchas en un mon\u00f3logo interior digresivo, intervenido, puntuado por didascalias traviesas. Las bromas de narrador confianzudo \u2013acota, invade, glosa, gui\u00f1a\u2013 no disipan el clima creado bajo una \u00e1gil densidad. El l\u00e9xico opulento lo exalta y lo impulsa. Comanda una voz, preferentemente escondida detr\u00e1s de un nombre falso, aunque claro que un rumor de este calado es m\u00e1s veros\u00edmil en el idioma original. (Una geograf\u00eda es inseparable de su lengua).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-6\">\n<p>Parentescos y herencias. Frente y dorso de una identidad y verso y reverso de una curr\u00edcula adulterada. Personajes a quienes tienta mentir, o en estado de flotaci\u00f3n; fantasmas unos para otros, se extorsionan emocionalmente sin escr\u00fapulos. Merodean historiadores, falsificadores y ladrones de arte, impostores e inimputables. Alguno en prisi\u00f3n, otro procesado, otro excarcelado. Un moribundo, un intruso.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-7\">\n<p>Cunde el instinto asesino de <strong>Banville<\/strong>, por llamarlo as\u00ed, como si la ficci\u00f3n no pudiera alejarse del crimen o del delito. (Es el autor de una decena de novelas negras bajo la firma de Benjamin Black; el seud\u00f3nimo le sirvi\u00f3 para renovarse, para reencontrar su mano: lo que el teatro fue para Beckett). Banville busca la anuencia y m\u00e1s: la connivencia del lector. El autor de <em>El intocable<\/em> se pone a prueba regresando con cuentas pendientes a sitios resonantes para tematizar el pasado y teorizar sobre el tiempo y sus par\u00e1bolas.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-8\">\n<p><strong><em>Las singularidades <\/em><\/strong>retoma y recompone sus novelas <em>Los infinitos<\/em> y <em>El mar<\/em>. Avanza \u2013o se lo lee ilusamente\u2013 como si la escritura fuera un oficio aprendible. Legajos y litigios de familia, un chalet venido a menos, cercos desbordados (Banville parece escribir para darse el gusto de pintar con voluptuosidad a la naturaleza). Se regresa a <strong>Banville <\/strong>como \u00e9l regresa a sus rincones dilectos. Y desliza por debajo de nuestra puerta una carta terminal que es un libro que termina siendo una casona; un palacio de la memoria levantado contra las olas de cada minuto. Quiz\u00e1 la mera aspiraci\u00f3n de ser un autor dif\u00edcil de evaluar le dio direcci\u00f3n y alas a su impecable estilo lenguaraz.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-9\">\n<p><em>Las singularidades<\/em>, John Banville. Trad. Antonia Mart\u00edn Mart\u00edn. Alfaguara, 320 p\u00e1gs.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"element-body-10\">\n<p><em>La alquimia del tiempo<\/em>, John Banville. Trad. Miguel Temprano Garc\u00eda. Alfaguara, 192 p\u00e1gs.<\/p>\n<\/div>\n<p><br \/>\n<br \/><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-n\/john-banville-dublin-cosmos_0_eH0GgKnaqc.html\">Fuente Clarin.com <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En no pocas de sus novelas, John Banville se ubica en un punto m\u00e1s o menos fijo y confiable del tiempo y el espacio: una casa tirando a derruida a mediados del siglo veinte en una Irlanda pueblerina, casi rural. Lo mismo hace su estilo, porfiadamente esmerado, manierista, ir\u00f3nico, anacr\u00f3nico. 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