Ariel Rodríguez Palacios es un nombre que resuena en la cocina argentina. Con años de experiencia en televisión, libros y clases, por primera vez en su carrera da el paso de abrir su propio restaurante.
Lo hace con El Colmo, una sandwichería en Palermo que lleva su sello: sabores caseros, recetas bien pensadas y un ambiente cálido.
Lejos de la típica sandwichería de fiambres y embutidos, Ariel diseñó una propuesta distinta: todos los ingredientes se preparan en el lugar, desde las carnes hasta los aderezos.
Además, desarrolló una receta especial para el pan, que se convierte en la base perfecta para cada combinación.
El local tiene capacidad para 60 comensales y está ubicado en una casa chorizo reciclada, manteniendo el encanto de las construcciones antiguas con un toque moderno.
Los sándwiches se preparan a la vista, generando una experiencia atractiva para los clientes.
Y hay más: este no es solo un proyecto de Ariel, sino un emprendimiento en conjunto con su familia. Un dato que suma calidez a la propuesta y refuerza la idea de cocina casera que siempre lo caracterizó en sus programas de televisión
Cómo es El Colmo
La fachada blanca e impecable de El Colmo capta miradas en Costa Rica al 5900. Pero no es solo un local prolijo: al cruzar la puerta, los tonos dorados, negros y rojos cuentan una historia.
Porque sí, el sándwich tiene un origen noble (o, mejor dicho, un conde vicioso que no quería soltar las cartas). De ahí la inspiración del diseño, que rinde homenaje al aristócrata más gamer del siglo XVIII.

La casa, que alguna vez fue un hostel, pasó por una cirugía mayor antes de convertirse en la sandwichería soñada de Ariel Rodríguez Palacios.
“Estaba bastante derruida, la obra nos llevó más de un año”, cuenta el chef a Clarín Gourmet. El resultado: un espacio donde el pan brilla tanto como los detalles arquitectónicos.

Al entrar, el recorrido arranca con un par de escalones y el primer checkpoint: la caja. Allí, Máximo, uno de los hijos de Ariel, recibe los pedidos con una sonrisa. Sobre su cabeza, un cartel descomunal detalla cada sándwich, para que nadie se quede a mitad de camino en la toma de decisiones.
Unos metros más adelante, las heladeras exhiben los ingredientes estrella. Desde allí, Felipe, otro hijo del cocinero, maneja la artillería de sabores, armando cada sándwich a la vista.
Porque en El Colmo no hay secretos, solo pan casero y rellenos que se preparan en el momento. Valeria, la mujer de Ariel es quien está a cargo de la administración del lugar.

Para los ansiosos, la barra lateral ofrece apoyo mientras se espera el pedido. Al fondo, un salón con mesas invita a sentarse, pero antes aparece un espectáculo inesperado: una ventana desde la que se puede espiar la elaboración del tiramisú.
Y no es cualquier tiramisú. Es el postre de la casa y viene en múltiples versiones, porque si un conde pudo revolucionar la comida con un pan relleno, Ariel puede hacer lo mismo con sus sándwiches y una dosis de creatividad.
Qué se come en El Colmo
En El Colmo, el sistema es simple: pedís, esperás y te sentás donde haya lugar. Nada de mozos ni formalidades.
Ariel Rodríguez Palacios lo pensó como un fast food de alta cocina. “No quería ni poner vasos, pero la gente los pide. Yo quería que tomen de la lata”, admite. Lo suyo es la practicidad, pero sin descuidar ni un detalle en la elaboración.

Acá los sándwiches no son sándwiches, son colmados. Y el pan, hecho a diario, tampoco es cualquier pan. “No es una focaccia ni una pinsa. Lo hacemos para que lo puedas comer hasta el final sin que te lastime el paladar”, explica Ariel.
Es de fermentación lenta, con harinas de arroz y una hidratación del 70%. Porque si algo está claro, es que en El Colmo todo tiene su ciencia.

Desde la mayonesa y el ketchup caseros hasta las carnes, todo se elabora en el momento. “Cualquier sándwich que elijas empezó su proceso 48 horas antes”, cuenta el chef.
El roast beef, por ejemplo, se cocina 12 horas y se ahuma, y las ribs de cerdo se deshuesan sin que la carne se desarme, prueba de que están en su punto justo y no “apucheradas”.
Cada bocado tiene la precisión de un plato de alta cocina, pero con la simpleza de un sándwich. “Esto te lo sirvo en un restaurante con una copa de vino y una linda presentación, pero elegimos ir por el sándwich gourmet”, sostiene Ariel.
No hay fiambres, no porque no sean buenos, sino porque la idea es que todo sea 100% elaborado en la casa.

Los favoritos del público incluyen el de roast beef con panceta y queso, y el de ribs con BBQ, coleslaw, queso Atuel y puré de papas crocantes ($22.000). El de pernil, también a $22.000, trae puré de papas, pepinillos, lechuga, tomate y mayonesa de hierbas, y se corta en finas lonjas para una mordida perfecta. El de salmón gravlax, con queso de pistacho, palta al limón y stracciatella, sube a $25.000. También hay falafel, tortilla de papas y hasta fainá.
Para el final dulce, la estrella es el tiramisú en múltiples versiones. Desde el clásico hasta los de chocolate, pistacho, banana split, piña colada y Balcarce, que lleva crema mascarpone con castañas, merengue caramel, dulce de leche y crumble de coco ($8.000 en adelante). Todos se sirven en una cajita transparente y coqueta, porque hasta el postre entra por los ojos.
Los colmados pesan 600 gramos y se nota. Esta cronista solo pudo con la mitad. El de pernil, por ejemplo, tiene 260 gramos de carne cocida, y el vikingo con gravlax, 170 gramos de pescado.
El concepto es otro: porciones generosas, productos frescos y técnicas de alta cocina aplicadas a la comida rápida.

Ariel camina por el salón con esa sonrisa que tantos conocen de la tele, pero acá no hay cámaras, solo mesas ocupadas y sándwiches a medio devorar. Se acerca a charlar, a preguntar si gustó, a sacarse una foto si alguien se lo pide con timidez.
Porque en El Colmo, más allá del pan esponjoso, la carne jugosa y el tiramisú que se roba suspiros, lo que se sirve es hospitalidad. Y quizás ahí esté la clave: no es solo una sandwichería, es la casa de alguien que, después de años cocinando para todos, por fin abre su propio hogar.
El Colmo, Costa Rica 5972. Martes a sábado de 12 a 19, domingo de 12 a 18 hs. Instagram: @elcolmo_ok