Las noches se alargan en sombras largas a la espera de las madrugadas.

El dolor ahonda muecas y las guardias hospitalarias acumulan esperas, algunas desesperadas. Son las 5.30 de la mañana. Hospital público en la ciudad. No varía mucho el panorama en varias clínicas privadas.

Se yuxtaponen dolientes en sillas incómodas. Aguardan pacientes que sufren. Las enfermeras y camilleros hacen mucho. La mayoría de los médicos también. Otros demoran, no están, no llegan.

Y la morosidad al fin prevalece.

En el Muñiz salvan vidas con ímprobos esfuerzos.

En el Maria Curie, en Parque Centenario, que es oncológico, la enfermedad está circunvalada por el parque mismo.

Pero los dolores no se curan con el verde, necesario de todos modos.

En una desangelada clínica que no es pública la imagen es muy triste.

A una mujer con frío la tapan con una frazada mojada. Gime dolorida. La impericia o la indolencia también existen.

La Argentina que sufre padece a la Argentina subdesarrollada.

Se escucha un gol de Argentina contra Brasil. Lo grita parte del personal. Los pacientes ajenos a la fiesta sienten que el tiempo se estruja en celebraciones distantes para ellos en esos momentos.

En el San Martín, en el Roca, en todos… El peregrinaje de los que venden tantísimas chucherías no cesa nunca. Es un flujo que parece perpetuo.

Hay perros sin hogar deambulando por las noches, buscando carroña.

Hay seres humanos que hacen lo mismo.

El reverso del mundo está vivo, vive zombie, muy despierto, adormecido, anestesiado y sin anestesia.

En la caminata el cronista choca con media docena de personas durmiendo en distintas calles.

Colchones desvencijados que no son renuentes a las pulgas

Hombres, mujeres y niños a la intemperie.

Y esperar como se espera a Godot.

La burocracia no se rinde ni aun de noche.

Papeles para internaciones urgentes.

No se desregula la cotidianeidad tan fácilmente. Hay habitos arraigados, profundos como pozos negros.

Y ahora, robots que no contestan a nadie.

La inteligencia artificial no sustituye a la inteligencia existencial.

¿Cuántos son cada noche los perdidos en la noche?

En el Hospital de Palpalá en Jujuy mujeres con ponchos collas se enfundan en su estoicismo milenario. Y transitan sus flagelos en silencio.

Y en tanto, la política, buena parte de ella, no toda por cierto, se extasía en la búsqueda del incremento de su poder.

Más poder, y más, y el despoder de tantos.

Clarea. Los niños empiezan a caminar a sus escuelas. No todo es noche sin estrellas.

¿Pero cuántos abandonaron los estudios y ya no vuelven?

La política y sus nuevos discursos borra a Raúl

Alfonsín de la historia y presenta como historia completa una saga que omite al fundador del Pacto Democrático en Argentina.

Aplastan una estatua de Osvaldo Bayer como si de ese modo su Patagonia Rebelde cesara de la memoria. Bayer y sus posiciones y sus aportes y sus contradicciones es parte de la historia con o sin estatua.

Bayer, presentó una moción para quitar de un lugar central una estatua de Julio Argentino Roca. No lo logró.

No funcionó con Roca, ni funcionará con Bayer, ni funcionó con Perón en su momento.

CFK usó a Bayer más tarde. Antes el historiador fue perseguido por la Triple A y se exilió en Alemania.

Eliminar su figura, es la contrapartida del culto a la personalidad tan explotada con Nestor Kirchner y antes con Perón. Todo es análogo aunque inverso.

Levantar monumentos totémicos para los líderes coyunturales, no los eleva en la valoración más allá de la que ostentan sus fanáticos.

Y ahora, como antes, es el repudio a los personajes relevantes de la historia. Están allí, y toca estudiarlos y aprender.

No quitarlos de escena, No se puede. Es una práctica tan arcaica como la ignorancia.

Antes, los Kirchner lo quisieron hacer hasta con Colón.

Las guardias se atiborran más.

La paciencia es un calvario imposible de evitar.

Los trenes y los subtes se aglutinan de pasajeros parados, pegados.

La mayoría quiere y va a trabajar.

Pero las recompensas del trabajo son arduas.

Hay un sacrificio incorporado en la Argentina.

La autopista del Oeste está colapsada.

En Cramer y Olazábal un motociclista cae tras chocar y ahora su destino es incierto.

A las seis de la mañana, cuando salgo del Pirovano tras observar tantas cosas, alguien se me acerca y me dice con sarcasmo.

-Peor es Gonnet, en alusión al cruce violentísimo de los barras bravas en el hospital de Gonnet precisamente.

El hospital convertido en campo de batalla.

Nada es unidimensional. El hospital es bueno, afirman, los barras no.

Política, violencias extremas, locura.

¿La Cámpora estuvo ausente de todas las secuencias posteriores a esas desventuras?

Operan. Traman venganzas.

Todo pasa al mismo tiempo.

Café con leche en una estación de servicio.

Los noctámbulos parten con el sol ya en alto.

Solitarios antes de partir, algunos compran cigarrillos.

Otros llegan y desayunan claro.

La memoria no se doblega a los caprichos estériles de los efímeros voceros que rediseñan la historia.

El país no termina de salir de su internación en el pasado.

En un punto, no quiere, en algún sentido no queremos crecer.

No hay libertad sin romper con tantas cadenas pretéritas.

La metamorfosis que va de las mil y una noches, a los amaneceres indispensables, requiere salir del embaucamiento de los sofistas, que reescriben la historia.

Pero la historia al fin y al cabo, refuta a los mentirosos.

Lo que ocurrió, ocurrió.

Una mujer duerme mientras espera ser atendida, en la guardia del Posadas, pegado a la villa Carlos Gardel, entre el Palomar y Haedo.

Pero no duerme. Hay en esa mujer un cierto catatonismo inmerecido.

Un soporífero dolor la atormenta y paraliza.

Parece una imagen de la Argentina.

El despertar se estira y no.



Fuente Clarin.com

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