Los mosquitos no solo son molestos: muchas veces también son difíciles de combatir sin apelar a productos químicos. Sin embargo, existen alternativas naturales que pueden ayudar a mantenerlos lejos de tu jardín sin perder el estilo ni el buen aroma en casa. Algunas plantas actúan como repelentes naturales por los compuestos que liberan.

En viveros y ferias de plantas en todo el país, es común ver cómo muchas personas eligen plantas aromáticas por su capacidad para mantener alejados a los insectos, además de por sus propiedades para la cocina. Hay 3 plantas que cumplen con todo eso: crecen fácil en tu jardín, son lindas, huelen bien y además mantienen alejados a los mosquitos.

Perteneciente a la familia de las gramíneas, la citronela es reconocida por su capacidad de repeler insectos gracias al fuerte aroma cítrico que emana de sus hojas. Ese olor, aunque muy agradable para nosotros, es insoportable para los mosquitos, que tienden a alejarse de las zonas donde la planta está presente.

Su crecimiento en maceta es muy práctico, sobre todo para quienes tienen terrazas, patios o balcones con buena exposición solar. Basta con ubicarla en un lugar donde reciba luz directa durante varias horas y mantener el sustrato húmedo para que prospere sin problemas. Otro punto a favor es que no necesita floración para destacar: su follaje verde, largo y arqueado, ya aporta un valor ornamental por sí solo.

Para mejorar el drenaje y evitar que el agua se acumule, se recomienda agregar una capa de arcilla expandida o piedras pequeñas en la base de la maceta. De esta manera se previene la pudrición de raíces, uno de los errores más comunes al cuidarla.

Su característico color violeta y su perfume penetrante la vuelven inconfundible. Pero más allá de su aporte estético y olfativo, es una planta con propiedades repelentes muy eficaces contra mosquitos y otros insectos. Los compuestos que se encuentran en su aceite esencial, como el linalol, tienen un efecto disuasorio que la convierte en una barrera natural.

El uso de la lavanda es muy versátil: puede cultivarse en tierra o en macetas, y se adapta tanto a jardines grandes como a espacios reducidos. Colocarla cerca de entradas, ventanas o incluso dentro del hogar (en macetas con buen drenaje) ayuda a reforzar su efecto protector.

Además, es una planta de bajo mantenimiento. Prefiere suelos secos, con buena aireación, y requiere poco riego. Esto la hace ideal para quienes buscan una opción práctica y duradera. Su resistencia y su capacidad para mantener su perfume por largo tiempo hacen que también se use en saquitos aromáticos o aceites esenciales caseros.

La albahaca, tan presente en la cocina de muchos hogares, también tiene un rol importante como repelente natural. Sus hojas, al ser frotadas, liberan una fragancia intensa que actúa como un escudo contra mosquitos y moscas. Esta característica la hace especialmente útil para tener cerca de espacios donde se preparan o se sirven comidas, como parrillas o mesas al aire libre.

A diferencia de otras plantas aromáticas, la albahaca crece con rapidez y sin muchas exigencias, lo que la convierte en una opción ideal para principiantes. Le gusta la luz, el calor y un riego regular, aunque sin excesos. Un truco para aprovecharla al máximo es cosechar sus hojas con frecuencia.

Otra ventaja es que se adapta muy bien a la vida en balcones o patios pequeños, y puede convivir con otras plantas sin problemas. Incluso es posible armar pequeñas huertas urbanas combinando albahaca con tomates, orégano o perejil, logrando así un rincón útil, aromático y atractivo.



Fuente Clarin.com

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