En el marco del Congreso de Aapresid, que se desarrolla en el predio de la Sociedad Rural de Palermo con la fuerza de Expoagro y bajo el lema Código Abierto, se llevó a cabo un panel titulado: “Cuando la siembra directa se interrumpe: decisiones con impacto”. El Ing. Agr. Guillermo Marrón, director del Instituto de Ingeniería Rural del INTA Castelar, fue el moderador del encuentro y abrió con una pregunta provocadora:
“¿Qué hacemos hablando de cosas que ya conocemos? Sabemos que si se mueve el suelo, se deteriora la materia orgánica, se reducen los niveles de carbono orgánico total, se encharcan los lotes, se venden fierros… algunos ganan, otros pierden”.
A continuación, invitó a tomar la palabra al primero de los tres disertantes: el Ing. Agr. Martín Dumrauff, asesor de la Regional Bahía Blanca de Aapresid, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires. “Desde allí buscamos influir en 2,5 millones de hectáreas, con 24 productores socios, mixtos, con la ganadería como una actividad importante”, señaló.
Precisamente por esa lógica productiva, Dumrauff explicó: “Durante los últimos años comenzaron a aparecer prácticas de labranza, buscando la inmediatez en las soluciones”. Para evaluar la situación, indicó que desde la regional realizaron una encuesta entre sus socios, y algunos señalaron que hasta el 80% de la superficie en los alrededores —de sus propios vecinos— se trabaja con labranza. En algunos casos, con un alto porcentaje de laboreo tradicional; en otros, con intervenciones esporádicas.
“Esto nos llevó a preguntarnos por qué se hacen este tipo de laboreos —con herramientas como el pie de pato, que corta el suelo horizontalmente en forma sub-superficial—. Más allá del implemento, notamos que se utilizan como respuesta a compactaciones sub-superficiales, provocadas por el pisoteo y el tránsito. También para combatir malezas resistentes como el raigrás”, explicó.
Martín Dumrauff, Ing . Agr. asesor de la regional de Bahía Blanca de Aapresid, en el sudeste de Buenos AiresEl segundo disertante fue el Ing. Agr. Navier Picco, asistente técnico de la Regional Videla y asesor en la zona centro-norte de Santa Fe. “No pretendemos señalar si está bien o mal. La idea es visibilizar el problema y remarcar que observamos un cambio de paradigma ante la necesidad de obtener resultados inmediatos”, expresó.
En esa región también realizaron una encuesta, la primera en 2023 y una repetición en 2025. En ella se observa que el 60% de los productores y técnicos respondieron que la superficie trabajada con labranza ronda el 50%. “A medida que vamos más al norte, la labranza aumenta; y más al sur, disminuye. Y esto se da con todo tipo de laboreo”, agregó.
Consultados sobre los motivos por los cuales se laborea el suelo, las tres principales razones que surgieron fueron: dificultad en el control de malezas, compactación del suelo y costos de los tratamientos químicos. Este año se sumó un nuevo motivo: el desconocimiento sobre los efectos negativos de la labranza en los suelos, opción que fue seleccionada por una cantidad importante de encuestados.
“Entre esa respuesta y otra que fue ‘el desconocimiento sobre la siembra directa’, se agrupa el 40% de los entrevistados”, detalló Picco.
Navier Picco, Ing. Agr. Asistente técnico de la Regional Videla y asesor en la zona centro norte de Santa Fe.“El problema del desconocimiento está presente tanto en productores como en agrónomos. Hay lotes donde se usan paratill, discos y otros implementos… lo que yo llamo ‘la rosca’, buscando dejar el suelo lo más finito posible. Pero luego, en lotes con pendiente, cae una lluvia y se encharcan. El problema no es la labranza en sí, que no es buena ni mala: depende de dónde y cómo se la aplica. El problema es que se hacen sin diagnóstico”.
Pérdida de infiltración
El tercer panelista fue Hugo González Abba, coordinador de la Regional Mar del Plata de Aapresid, que abarca varios partidos del sudeste bonaerense. También compartió datos de una encuesta realizada en esa zona, que mostró que la superficie labrada es del 20%.
Hugo González Abba, Dr. en agronomía y ciencia de la universidad de Guelph – Canadá.González marcó una diferencia importante respecto del centro-norte santafesino: “Mientras allá hay pérdida de suelo por erosión, en el sudeste estamos más cerca de fenómenos de alteración donde se pierden los macroporos, es decir, disminuye la infiltración. Tal vez por sobre-riego. Eso genera que un capital como el agua —que en teoría no tiene costo de oportunidad— comience a tenerlo, porque no podemos aprovecharlo correctamente”.
Navier Picco agregó un análisis más general: “Hace 30 años nos dimos cuenta de que la labranza no funcionaba y planteamos la siembra directa. Hoy estamos retrocediendo. Por eso, creo que lo mejor sería seguir insistiendo con todo el conocimiento científico y empírico generado en este tiempo. Hay campos que han perdido 1, 2 o hasta 3 puntos de materia orgánica. Tienen menor estructura. Los suelos mal manejados hoy están más degradados que en los comienzos de la siembra directa, y eso se ve más rápido”.
Para cerrar, González concluyó: “Cuando terminé mis estudios, casi no había labranza. Me parece que hoy muchos egresados de agronomía no están tan familiarizados con los problemas que genera la labranza: inconvenientes físicos para sacar la producción, la imposibilidad de entrar a los campos. Por eso creo que parte del objetivo debe ser trabajar sobre el factor humano”.