
Todavía continúan las repercusiones por el sabotaje con drones mediante el que Ucrania destruyó más de cuarenta aviones de combate rusos en cuatro bases aéreas, entre ellas una ubicada en Siberia. En las últimas horas se difundieron imágenes satelitales que dan cuenta de la magnitud de la “Operación Telaraña”, planeada durante un año y medio, que devastó casi un tercio de los bombarderos rusos.
“El presidente Putin dijo, con mucha firmeza, que tendrá que responder al reciente ataque a los aeródromos”, dijo este miércoles Donald Trump, presidente de Estados Unidos, acerca de su conversación con su par ruso. Es que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, todavía siente el impacto del ataque eficaz que el Servicio de Seguridad de Ucrania planificó durante 18 meses y llevó a cabo este domingo en cuatro aeródromos militares, incluido el de Belaya, Irkutsk, a más de 4 mil kilómetros de la frontera ucraniana. Se usaron 117 drones en la operación y se dañaron 41 aviones bombarderos rusos, además de otros daños edilicios.
Videos de los ataques se difundieron en las redes sociales desde el mismo domingo, pero este miércoles se conocieron imágenes satelitales del estado en que quedaron varios aviones y otras instalaciones de la base de Belaya. Se trata de imágenes analizadas por el laboratorio Maxar Technologies, que se dedica desde su base en Westminster, Colorado, Estados Unidos a la inteligencia geoespacial, observación de la Tierra y servicio en órbita de satélites, productos satelitales y servicios relacionados.
Las fotos satelitales, que replicaron diversas agencias internacionales, son estremecedoras: los poderosos bombarderos rusos quedaron estrellados como mosquitos, lo cual cobra mayor consideración si se tiene en cuenta que la Operación Telaraña constó de ataques con drones, naves de mucho menor tamaño que los aviones y, además, infiltrados en territorio ruso.
Según se estimó en Ucrania, el daño causado a Moscú oscila alrededor de los 7.000 millones de dólares, y en 35 % de la flota de bombarderos en servicio de las fuerzas aéreas rusas.
Además, distintos galpones y hangares fueron destruidos en su totalidad, cuya existencia previa sólo prueban los manchones de fuego extinto que se notan en la tierra desde la vista de un satélite. Lo mismo con varios de los aviones atacados, que quedaron reducidos a cenizas y restos metálicos sobre el asfalto de las pistas de aterrizaje y estacionamiento.
Las naves atacadas fueron de tres modelos de bombarderos fabricados en Rusia: el Tupolev Tu-95 “Oso” (bombardero estratégico), el Tupolev Tu-22 “Cegador” (supersónico y de largo alcance) y el Beriev A-50 “Mainstay” (no ofensivo, sino de patrullaje aéreo).