La era de la culpa

May 28, 2025



“La culpa está servida” decía con ironía un personaje en una obra de teatro que nunca escribí. Se trataba de una cena familiar en la que, luego de varias pasadas de factura, alguien estallaba. ¿A quién no le pasó? La familia es un campo minado de activos y pasivos que luego trasladamos a nuestras relaciones. Si fuera de otro modo, los psicoanalistas tendrían mucho menos trabajo.

Culpa en castellano, significa “falta”. En inglés (guilt) viene del verbo “pagar” y originalmente no designaba una emoción sino una responsabilidad. Cuando pienso en este sentimiento, de inmediato viene a mi cabeza el vínculo que tiene con el cristianismo y el acto de confesión. ¿Será que quienes no tuvieron una educación religiosa andan por la vida desconociendo esa emoción que es como un pozo estancado en el que la conciencia se paraliza? Claro que no: vivimos en la era de la culpa. Ahora separada de la religión, la culpa es, por ejemplo, uno de los motores que usan los medios en sus clickbaits. Nada más efectivo que hacernos sentir culpables para que leamos: ¿Estoy haciendo todo lo posible para llegar a ser una “superager” cuando llegue a los 70? ¿Estoy reciclando toda la basura que genero? ¿Pierdo demasiado tiempo online? ¿Estoy teniendo suficiente sexo? ¿Cuánto es suficiente? ¿Y qué pasa con mi huella de carbono? Los medios lo saben: nada como tirar un dato extrapolado de algún estudio de caso en Islandia o Estados Unidos para que caigamos en la trampa y nos sintamos en falta en comparación con la oscura silueta de la “persona promedio” que nadie nunca conoció en real life.

También veo aparecer la culpa como prisma analítico en muchos comentarios. Hay cierto placer en encontrar culpables y señalar con el dedo al vecino. No solo en la cultura de la cancelación (que, a esta altura de los cambios acelerados en la política global, parece que nunca existió) sino en los análisis culturales y políticos. Puestos a opinar sobre una serie, un escándalo entre celebrities, el cambio climático o la cantidad de perros en la ciudad de Buenos Aires, todo se vuelve un policial con inocentes y culpables. Casi todos los comentarios que leí sobre la serie Adolescente son así: había que encontrar a un culpable más allá del chico. Entonces, la culpa es de las redes, de los padres, de los profesores, del bullying, etc. etc.

Un análisis poco interesante porque ¿cómo medir la responsabilidad de un acto más allá de quien lo lleva a cabo? Es decir, en este caso, la cantidad de pequeñas acciones y omisiones de los adultos que llevaron a que un chico cometa un crimen. No es lo que la serie plantea, además. Prefiere quedarse con una pregunta que es colectiva y va más allá del caso particular. ¿Cómo están creciendo los jóvenes y cuánto sabemos los adultos de lo que les pasa? ¿Cuánto nos importa como sociedad? Por eso la serie nunca nos muestra la perspectiva de los chicos: son el misterio de la serie, lo cual la vuelve un producto de una maestría narrativa poco común en televisión. No dar una respuesta y dejarnos buscando culpables e inocentes sin poder ponernos de acuerdo muestra qué pertinente es la pregunta para nuestra época.



Fuente Clarin.com

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