Buenos Aires es una ciudad llena de historias enterradas, y muchas de ellas aún pueden encontrarse si se sabe dónde mirar. Bajo las calles del centro porteño, frente al imponente Palacio del Congreso, existe una escalera que lleva a un túnel en desuso. Se trata de la entrada a la estación central del correo neumático, un sistema de mensajería rápida que supo revolucionar las comunicaciones en la ciudad durante el siglo pasado.
Lo que hoy parece una estructura sin importancia, alguna vez fue parte de la historia sobre red subterránea que transportaba mensajes a gran velocidad. Aunque el sistema fue discontinuado hace más de 50 años, el acceso a la estación aún permanece en el mismo lugar, oculto tras una estructura de hierro y sin su cartel original.
El correo neumático fue un sistema de mensajería que utilizaba tubos y aire comprimido para trasladar pequeños envíos a través de la ciudad. Fue inventado por el escocés William Murdoch a comienzos del siglo XIX y llegó a Buenos Aires varias décadas después, en 1934.
El sistema funcionaba con un circuito de tubos neumáticos en los que el aire empujaba y succionaba los envíos mediante bombas instaladas en cada extremo. Esto permitía que los mensajes viajaran a una velocidad de 12 metros por segundo, con una frecuencia de dos minutos entre cada envío.
En sus primeros días de funcionamiento en la ciudad, el correo neumático llegó a procesar más de 1.900 piezas diarias, una cifra que muestra su enorme impacto en la época.
Buenos Aires fue la primera ciudad de Sudamérica en contar con un servicio de correo neumático. Aunque la autorización para su instalación se otorgó en 1887, las obras enfrentaron numerosos obstáculos y recién se logró inaugurar el 13 de abril de 1934.
Uno de los principales desafíos fue la falta de túneles adecuados para colocar el sistema. La solución fue aprovechar el túnel de cargas del Ferrocarril Oeste, que había sido inaugurado en 1916 y aún existe en Puerto Madero. Además, se estableció que la estación central del sistema estaría ubicada bajo tierra, a metros del Congreso de la Nación.
Durante sus años de funcionamiento, la red alcanzó los 30 kilómetros de extensión y contaba con 14 estaciones distribuidas estratégicamente en la ciudad. Además, se instalaron 52 aparatos transmisores que eran utilizados principalmente por emisoras de radio y oficinas de correos.
A pesar de su éxito inicial, el correo neumático comenzó a quedar obsoleto con la llegada de nuevas tecnologías. El avance de la telefonía, la aparición del fax y el alto costo de mantenimiento del sistema llevaron a su cierre definitivo el 6 de noviembre de 1970.
Aunque el servicio desapareció, muchos de sus túneles y tuberías siguen existiendo bajo las calles porteñas, aunque en un estado deteriorado por el paso del tiempo. La entrada a la estación central, en particular, sigue en pie, aunque su historia es desconocida para la mayoría de los transeúntes que pasan por allí a diario.