El Gobierno supuso que su doble intervención en el 49 aniversario del golpe del 24 de marzo de 1976 tendría más permanencia en la agenda pública de la que terminó concitando. Una fue el video del intelectual de ultraderecha, Agustín Laje, que apuntó a refutar la tragedia del terrorismo de Estado de la década del 70. Desarrolló en 15 minutos también las responsabilidades de las organizaciones guerrilleras en la masacre de aquel tiempo. La otra resultó el anuncio del portavoz, Manuel Adorni, que comunicó la desclasificación total de los documentos de las Fuerzas Armadas a fin de que pueda ser transparentada la verdad. Iniciativa de Cristina Fernández en su segundo mandato que, como tantas, se diluyó en la nada.
Los libertarios se entusiasmaron con la notable cantidad de visualizaciones que cosechó en las redes la explicación de Laje. La asociaron a un pequeño paso adelante dado en la que denominan batalla cultural. El éxito de audiencia puede haber respondido, tal vez, a otras cuestiones. El año que viene se cumplirá medio siglo del golpe de 1976. Es decir, una persona de 50 años lo conoció sólo de manera indirecta. El propio Laje admitió que su inmersión en el tema había ocurrido en la escuela secundaria. La profundización sucedió de adulto, por propio interés y la presunción que la información recibida con anterioridad había sido teñida por el ideologismo progresista. O kirchnerista.
Más allá de alguna apreciación atendible, la visión de Laje pareció caracterizarse por omisiones. Sostuvo que toda la acción del terrorismo había resultado, de alguna manera, apañada. A diferencia de las horrendas revelaciones que signaron el Juicio a las Juntas que concluyó con la condena de los jefes militares. El enjuiciamiento, en épocas de Raúl Alfonsín, incluyó también a los jefes de las cúpulas guerrilleras. Mario Firmenich, Ricardo Obregón Cano, Fernando Vaca Narvaja, Rodolfo Galimberti, Roberto Perdía, entre otros.
Ocurrió que todos ellos resultaron indultados en su momento (1990) por Carlos Menem. También junto a los jefes militares. Un verdadero incordio, sin dudas, para la historiografía que ha venido tratando de escribir La Libertad Avanza. El menemismo es siempre reconocido por los libertarios como el único ciclo rescatable de los 40 años largos de la democracia. Como contracara, el caudillo radical sería observado como la raíz de un supuesto colectivismo que habría penetrado en el país y la región.
Aquel video de Laje y la desclasificación de los documentos militares parecieron durar, exactamente, el tiempo que insumió la evocación del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Es cierto que una batalla cultural, como la que imaginan los libertarios, jamás puede saldarse en 24 horas. No es menos cierto que alrededor de la tragedia de los 70 existe una conciencia bien solidificada al margen de la manipulación política que durante tantos años realizó el kirchnerismo. En todo caso podría aceptarse la realización de ajustes históricos, como sucede con cualquier proceso. El del setentismo fue, por otra parte, de altísima complejidad.
El propio gobierno de Javier Milei no asoma en condiciones de dispensar tanto tiempo a aquellos aspectos de la batalla cultural. Las premuras son otras. La marcha de la economía, la intranquilidad de los mercados y el acuerdo en maceración con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que se demora más de lo que el mileísmo desearía.
Hace ya varias semanas que Luis Caputo, el ministro de Economía, aseguró que a ese nuevo pacto sólo le restaba el moño. Se vio que no era así. Días más tarde, el mismo funcionario arriesgó algunas apreciaciones que en vez de apaciguar terminaron por atizar la intranquilidad de los mercados. Dijo que el futuro acuerdo podría significar alguna variación en el régimen cambiario “que de ninguna manera resultaría perjudicial para la gente”.
Desde entonces las conjeturas no cesan. Se habla de posibles bandas de flotación del dólar. De un levantamiento muy acotado del cepo. La consecuencia fue una constante salida de reservas del Banco Central: sólo la semana pasada perdió alrededor de U$S 1.500 millones. La cotización del dólar paralelo oscila en alza; el riesgo país gana casi todos los días algún punto.
El paisaje ni siquiera logró modificarse con la exigente jugada política que concretó el Gobierno. La aprobación de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para el acuerdo con el FMI que aún no está cerrado y cuyo contenido se desconoce. Aquella artillería tampoco surtió el efecto buscado.
La posibilidad de que el crawling peg actual (devaluación mensual del 1%) resulte modificado sería uno de los motivos de la inestabilidad del dólar. En una instancia sumamente delicada para el Gobierno: siempre la moneda estadounidense ejerce presión sobre la inflación. El índice de febrero (2.4%) dejó muchas dudas y los pronósticos tampoco resultan auspiciosos para marzo. La herramienta antiinflacionaria es la que ha sostenido la expectativa social a favor de Milei. Es también el recurso clave que disponen los libertarios para hacer frente con optimismo a las elecciones legislativas.
Hay dentro de la administración libertaria funcionarios que se interpelan sobre la estrategia seguida hasta el presente por Luis Caputo. ¿Hubo algún cálculo que falló? ¿Existió una mala praxis no detectada a tiempo? ¿Por qué razón no alcanzaron como dique los U$S 20.631 millones del exitoso blanqueo? El ministro de Economía ha dado su explicación al Triángulo de Hierro. El que Milei comparte con Karina, su hermana, y el joven Santiago Caputo. ¿Cuál ha sido? La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca fue esperada en la Casa Rosada como una bendición. Nunca se pensó, sin embargo, que sus medidas de guerra comercial alterarían tanto y tan rápido el contexto internacional. Canadá, México, la Unión Europea y China replican a los arancelamientos trumpistas.
Milei echa mano a la diplomacia presidencial para hacer frente a este trance delicado. Mantuvo una charla con Emmanuel Macron, el presidente de Francia. Reafirmó la relación estratégica entre ambos países. Se podría entender, también, como un guiño al FMI. Francia es en el organismo internacional el quinto país más influyente. Después de Estados Unidos, Alemania, Japón y Gran Bretaña.
Los libertarios no dejan de quitar su atención de Washington. Se espera un gesto de Trump para que el staff del FMI no sólo termine aprobando un posible desembolso. También -sobre todo- la manera de utilizar esos fondos. El mandatario estadounidense, electo con una condena judicial y tres causas pendientes, tuvo una deferencia reciente con los libertarios que sirvió por horas como cotillón: canceló el ingreso de Cristina a Estados Unidos por corrupción. Como había hecho Joe Biden, por idénticas razones, con el ex mandatario de Paraguay, Horacio Cartes.