
Por primera vez, un desarrollo científico argentino tendrá un rol protagónico en una misión tripulada al espacio profundo. Se trata de ATENEA, un nanosatélite diseñado y fabricado íntegramente en Argentina que fue seleccionado para formar parte de la misión Artemis II, el segundo capítulo del programa de la NASA que busca volver a llevar humanos cerca de la Luna.
La confirmación del acuerdo se dio durante el aniversario número 34 de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), en un acto donde se oficializó la colaboración entre Argentina y la NASA. De esta forma, el país se incorpora al selecto grupo de aliados internacionales del programa, que ya integran Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita.
ATENEA es un satélite tipo CubeSat clase 12U, de aproximadamente 30 por 20 centímetros, desarrollado por un consorcio nacional liderado por la CONAE.
En el proyecto trabajaron equipos de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Facultad de Ingeniería de la UBA (FIUBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa estatal VENG.
Este pequeño, pero sofisticado artefacto no viaja como simple pasajero: su tarea será probar tecnologías clave para las futuras misiones espaciales, incluyendo sensores de alta precisión, nuevos sistemas de GPS aplicables fuera de la Tierra, enlaces de comunicación de largo alcance y la recolección de datos sobre la radiación en distintas órbitas.
Su despliegue está previsto antes del sobrevuelo cercano a la Luna, y los datos que recabe podrían marcar el rumbo de los desarrollos tecnológicos que se usen en el próximo alunizaje tripulado, previsto para Artemis III.
Uno de los puntos más fuertes del proyecto es que muchas de las pruebas críticas de ATENEA se realizaron en territorio argentino. La Universidad Nacional de San Martín aportó infraestructura única en el país: una mesa vibratoria que simula las condiciones del lanzamiento y una cámara de termo vacío que reproduce el ambiente espacial. Ambas herramientas fueron fundamentales para testear el satélite localmente, sin depender de laboratorios del exterior.
Estas instalaciones, adquiridas y desarrolladas en el marco del programa nacional Equipar Ciencia, permiten ensayar componentes de hasta 500 kilos y validar dispositivos espaciales con altos estándares. Esto no solo reduce costos, sino que también fortalece la capacidad técnica argentina para intervenir en misiones internacionales de alta complejidad.
Por qué la participación argentina marca un antes y un después en ciencia y tecnología
El nombre ATENEA no fue elegido al azar. Inspirado en la diosa griega de la sabiduría y la estrategia, el proyecto refleja el enfoque colaborativo, científico y de largo plazo que impulsan las instituciones que lo llevan adelante.
Desde la UNSAM remarcan que esta participación en Artemis II es el resultado de políticas que apostaron por el desarrollo científico.