
Cuando llega el frío, el cuerpo pide comida caliente, sabrosa y, si es posible, abundante. En Buenos Aires, hay muchos lugares para comer bien, pero algunos se destacan por ofrecer un combo irresistible: platos generosos, precios amigables y un ambiente donde se respira calidez, tanto en la cocina como en la atención.
En esta nota te recomendamos tres bodegones porteños donde podés almorzar o cenar sin gastar una fortuna. Además, cada uno tiene su propia personalidad: desde decoraciones con objetos reciclados hasta rincones que rinden homenaje a tradiciones familiares.
Con sedes en Palermo y Núñez, este bodegón de espíritu contemporáneo abrió en 2023 y ya se ganó el corazón de muchos. Ubicado a pasos de Plaza Serrano, su decoración combina lo clásico y lo actual, con paredes de ladrillo a la vista, sillas recuperadas y mesas de madera que le dan una vibra cálida y barrial.
La estrella de la casa es la milanesa bomba, que puede alcanzar para tres personas. También es imperdible el matambre a la pizza, tierno y con muchísimo queso. Las porciones pensadas para compartir arrancan desde los 21.000 pesos, lo que lo convierte en una opción accesible para grupos.
Este clásico de Devoto conserva el espíritu de las cantinas italianas. Hoy lo administra la segunda generación de una familia que trajo sus recetas desde el sur de Italia. Las paredes están adornadas con fotos familiares y utensilios antiguos que la abuela usaba en la cocina, algunos transformados en lámparas o cuadros.
El menú express cuesta 17.400 pesos e incluye plato principal, bebida y postre o café o té. Su plato más recomendado son los fusillis con estofado, amasados al fierrito y servidos con abundante queso rallado. También hay parrillada, milanesas y platos caseros típicos.
Si buscás abundancia, este es tu lugar. Con un salón enorme y ambiente bien familiar, El Antojo es famoso por sus milanesas tamaño XL, que se sirven con todo tipo de toppings: desde panceta y queso azul hasta crema de choclo con huevo duro y parmesano.
Los precios arrancan desde 30.000 pesos para compartir. También tienen provoleta, empanadas, rabas y bife sanjuanino. La decoración es sencilla, pero funcional: algunos bancos están hechos con maderas reutilizadas y las lámparas con frascos reciclados.